viernes, 4 de enero de 2013

Cuatro curiosidades sobre astronomía

Cuatro curiosidades sobre astronomía
Les ofrezco cuatro rarezas sobre el cielo que son fruto del alpedismo. En fin de cuentas, Newton estaba al pedo, echado bajo un árbol, cuando vio caer la manzana; Arquímedes estaba al pedo, tomándose un buen baño de inmersión, cuando gritó “eureka”, y Sócrates… bueno, Sócrates siempre estaba al pedo.
 El 4 de enero
                Hoy es 4 de enero y se dan cita ciertas cosas que son unas consecuencia de las otras: el sol está más cerca de nosotros que el resto del año; el sol alcanza su tamaño máximo en el cielo y la Tierra corre a la mayor velocidad sobre su órbita.
Diferencia de tamaño del sol entre el 4 de enero y el 21 de junio
                Porque hoy, 4 de enero, es el perihelio. La órbita de la Tierra es una elipsis, el sol se encuentra en un foco y por lo tanto en un momento del año (hoy) nuestro planeta tiene su mayor acercamiento al astro rey. Lo opuesto, el afelio, sucede el 4 de julio, y es por lo tanto el momento en que nos encontramos más lejos del sol, el sol se presenta más pequeño en el cielo y la velocidad orbital de la Tierra es la menor.
En realidad las cosas no son tan fáciles: el perihelio suele caer el 4 de enero, pero, por ejemplo, este año cayó el 2 de enero, a las 4:38, hora de Greenwich y este año el afelio nos espera el 5 de julio, no el 4, aunque por costumbre seguimos diciendo que el perihelio cae el 4. Si miramos atentamente la siguiente tabla, donde están apuntados perihelios y afelios de los años sucesivos, podemos llegar a algunas conclusiones:
Perihelion
Aphelion
Date
Time (UT)
Date
Time (UT)
2007
January 3
19:43
July 6
23:53
2008
January 2
23:51
July 4
07:41
2009
January 4
15:30
July 4
01:40
2010
January 3
00:09
July 6
11:30
2011
January 3
18:32
July 4
14:54
2012
January 5
00:32
July 5
03:32
2013
January 2
04:38
July 5
14:44
2014
January 4
11:59
July 4
00:13
2015
January 4
06:36
July 6
19:40
2016
January 2
22:49
July 4
16:24
2017
January 4
14:18
July 3
20:11
2018
January 3
05:35
July 6
16:47
2019
January 3
05:20
July 4
22:11
2020
January 5
07:48
July 4
11:35



                Entonces tenemos que el tiempo  en que la Tierra se desplaza de un punto a otro varía de año en año. En 2012 tenemos el perihelio el 5 de enero y el afelio el 5 de julio, en tanto este 2013 el perihelio se adelantó 3 días. Por lo tanto este año median tres días más entre el perihelio y el afelio. Pero como el año pasado fue bisiesto, entonces la diferencia es de dos días. Y si tenemos en cuenta las horas esa diferencia se estrecha aún más. En conclusión, y viendo que esta diferencia siempre se da de año en año, podemos decir que nuestro planeta, como un auto, se acelera y desacelera con mayor rapidez unos años que otros; que el sol crece en el cielo (o se achica) con mayor prontitud unos años que otros y que la Tierra se acerca al sol unas veces con mayor velocidad que en otras. En suma, este año nos alejaremos de nuestra estrella más lentamente, viajaremos por el espacio reduciendo la velocidad con mayor lentitud y el sol disminuirá su disco de tamaño con mayor pausa.
                Obviamente hay que estar muy al pedo para razonar estas cosas, porque a los efectos prácticos no sirven para nada. Pero, yo no tengo duda, las cosas más interesantes, como el amor y la amistad,  suelen ser las más sutiles y las que uno más cultiva cuando está más al pedo.

Las vueltas de la Tierra
El año tiene 365 días, y aunque muchos no lo sepan, en ese lapso la Tierra da 366 vueltas. En otras palabras, en un año tenemos 365 días, pero la Tierra da una vuelta más.
¿Cómo es esto posible? Bueno, la aclaración más pavota suele ser la más desconcertante: no es lo mismo los días que las vueltas que da un planeta. Seguramente a usted se lo han explicado así: la sucesión de días y noches es consecuencia de la rotación terrestre. Y esto es cierto, pero solo en parte. Si la Tierra no rotara igualmente tendríamos días y noches, un día de seis meses y una noche de seis meses, casi más o menos lo que viene pasando en los polos desde que el mundo es mundo. La condición para que siempre se dé el día en una mitad del planeta y la noche en el otro es precisamente que la Tierra rote ¿Cuánto? Una sola vuelta en un año. Sería necesario que nuestro planeta se comporte con respecto al sol de la misma manera que la Luna se comporta con respecto a la Tierra, dándole siempre la misma cara. Técnicamente: es necesario que el movimiento de rotación esté coordinado al de traslación, que complete un giro sobre su eje a la misma velocidad que sobre su órbita.[1]
Nuestro planeta no completa una vuelta sobre su eje cuando el sol vuelve a ocupar su misma posición aparente que 24 horas antes. Lo hace unos minutitos antes, 4: en 23 horas, 56 minutos. Si tiene ganas de hacer cuentas vera que si multiplicamos 4 por 365 y luego lo dividimos por 60 obtendremos aproximadamente 24 horas, que es el giro extra que da la Tierra en un año. En otras palabras, cuando se cumplen 24 horas, nuestro planeta ya ha girado 4 minutos de arco más que las que corresponden al giro sobre su eje. Al día de 24 hs (el del reloj) se lo conoce como día solar medio, en tanto al de 23:56 se lo llama día sidéreo.
NOTA: Si quiere aclarar el tema no recurra a la Wikipedia. Solamente en la versión en alemán esta correctamente anotado el tema de los 366 giros de la Tierra en 365 días. http://de.wikipedia.org/wiki/Siderisches_Jahr
La ecuación del tiempo y el día más largo del año
                Pero por qué hablamos de día solar medio y no simplemente de día solar. Cuando vos te fijás en tu reloj de pulsera todo va bien. Todos los días tienen sus consabidas 24 horas con sus minutos y segundos. Y lo que es más tranquilizador, todas esas 24 horas duran lo mismo. Si la naturaleza fuese así de precisa sería de una obviedad tal que los argumentos de las películas de Olmedo y Porcel tendrían competencia. La verdad es que el sol, en su movimiento aparente en torno a la Tierra, no tarda siempre 24 horas en volver al mismo lugar. En otras palabras, cuando tu reloj marca exactamente el mediodía lo más probable es que el sol no se encuentre lo más alto en el cielo, culminando superiormente, sino un poco antes o un poco después de esa culminación. 
FIGURA 1
Sólo 4 días en el año, entre los cuales se encuentra la navidad, el día solar medio coincide con el día solar verdadero. El resto del año el día (verdadero) es o más largo o más corto que lo que indica tu reloj. O sea, el resto del año los días no tienen 24 horas. Lo que indica el día solar medio (tu reloj) es el promedio de la duración de los días verdaderos a lo largo del año.
Unas siete semanas antes de la navidad y unas 7 semanas después se dan las diferencias máximas entre el día medio y el verdadero, como muestra la figura 1; el 5 de noviembre y el 12 de febrero. (No casualmente esto se da también en torno al 4 de enero, porque esta mayor diferencia es consecuencia, entre otras cosas, de la mayor velocidad orbital de la Tierra al estar más cerca del sol.) A esta diferencia entre los días medios y los días verdaderos se la conoce como ecuación del tiempo. Esta nos demuestra que el 5 de noviembre es el día con mayor diferencia entre ambos días, en tanto el día verdadero es unos 16 minutos más corto que el día medio. Asimismo, el día 12 de febrero es el día verdadero más largo en relación al medio; unos 14 minutos. No obstante lo cual, esto no quiere decir que, por ejemplo, el 12 de febrero, sea el día más largo del año, porque habría que medir el tiempo que tarda en volver el sol a culminar desde la última culminación del día verdadero, prescindiendo del día medio.
Sin embargo, es un hecho que entre el 5 de noviembre y el 25 de diciembre se encuentra el día más corto y que entre esta última fecha y el 12 de febrero se encuentra el día más largo. El mismo, como vemos en la figura 2, no se encontraría en esas fechas, porque la curva de diferencia entre ambos días es menos pronunciada a medida que se acercan tanto al 5 de noviembre como al 12 de febrero,  y también al 25 de diciembre. Por lo tanto, el día más largo del año debería ubicarse en torno a la segunda mitad de enero y el más corto en torno a los primeros de diciembre.
FIGURA 2
Yo no tengo la respuesta, y eso que la he buscado. Si alguien sabe cuál es ese día en el que dos culminaciones superiores consecutivas del sol verdadero se da con mayor rapidez—el día más corto —y el día en que dos culminaciones superiores consecutivas se da con mayor lentitud—el día más largo—agradecería que me lo haga saber. Aunque es muy probable que no haya un día, sino que la respuesta sea simplemente la que doy acá, una serie de días en torno a…[2]


Las verdaderas dimensiones de las estaciones
A vos probablemente te hayan enseñado que el día más largo del año es el 21 de diciembre y que el más corto es el 21 de junio. Y es verdad. Pero en ese caso se trata del día más largo y más corto de luz solar, que es otra cosa. Esto de la cantidad de luz mayor o menor es consecuencia de la inclinación del eje terrestre con respecto al plano de su órbita. (Y, aunque parezca joda, también es una de las consecuencias de que los días verdaderos, que ya vimos, no duren siempre 24 horas exactas.) Esta inclinación del eje terrestre también es causa de la sucesión de las estaciones.
Entre el 21 de diciembre y el 21 de junio el sol se deslaza aparentemente en el cielo entre el trópico de capricornio, en el sur, y el de cáncer, en el norte, haciendo el viaje en sentido inverso entre esta última fecha y el 21 de diciembre. Sin embargo, no media la misma cantidad de días entre el 21 de diciembre y el 21 de junio que entre el 21 de junio y el 21 de diciembre. Veamos como explicamos este trabalenguas: entre el comienzo del verano austral (21/12) y el comienzo del verano boreal (21/6) hay 26 semanas o 182 días. Pero en sentido contrario hay 26 semanas… y un día, o sea 183 días. En resumen: el sol raja hacia el norte con velocidad y retorna hacia nosotros más lentamente. Por supuesto, esta velocidad de tránsito aparente del sol por los cielos es en realidad la velocidad orbital de la Tierra, que no es constante, y que provoca esta diferencia de un día.[3]
Pero no dejés de leer que hay más: nuestro verano, que se extenderá este 2013 hasta el 20 de marzo (equinoccio) es de 89 días; pero el verano de ellos, los del norte, tendrá 93 días, a partir del 21 de junio y hasta el 22 de septiembre (equinoccio.) Siempre ellos tienen un verano de tres o cuatro días más. Dios no es justo. Porque esto también significa que nuestro invierno también dura tres o cuatro días más. ¿Y qué hay de la primavera? No te ilusiones: ellos tienen 93 días de primavera y nosotros 89.
En síntesis ellos ganan en primavera y en verano, nosotros en invierno y otoño, y eso es así porque el sol va más rápido hacia el trópico de cáncer que hacia el de capricornio. (O lo que es igual, porque la Tierra tiene una velocidad orbital mayor.)[4]
                                                                                              Enero de 1013




[1] Esta sincronización rotación-traslación también se da, por poner dos ejemplos,  en Io (satélite de Júpiter) y en Caronte (satélite de Plutón.) De modo que no es tan infrecuente como cabría suponer.
[2] No va a faltar supersticioso o crédulo (ambas palabras son sinónimos) que piense que si la navidad es el nodo entre los días más largos y los más cortos, y además uno de los pocos que duran realmente 24 horas, eso obedece a algún oculto propósito divino. Por otra parte, está claro que la navidad tiene relación con el solsticio, pero en este caso hay un desfasaje en la fecha que no juega a favor de los supersticiosos.
[3] El 29 de febrero compensa en parte esto, pero tiene que ver con otra cosa.
[4] En realidad en el norte se dan los veranos más cálidos y los inviernos más fríos porque allí hay mayor cantidad de tierras emergidas. Los mares son los que atenúan las amplitudes térmicas, y gracias a ellos, en el sur, estamos más resguardados.

miércoles, 2 de enero de 2013

Ciudad Violenta de Jim Thompson, una gran novela.

 Ciudad violenta de Jim Thompson, una gran novela.

Jim Thompson

Un poco aturdido por la lecturas de Nietzsches, Beckettes  y doctores varios, de esos que uno cierra el libro y dice “no entendí una verga”, me di a la tarea de leer algo liviano, obvio, predecible y, por supuesto, muy barato. No encontrando nada más barato que lo que no se compra, me dediqué a examinar mi biblioteca; “alguna pelotudés debo tener”, me dije. Para mi asombro no tenía nada. Le había pasado a mi viejo las cosas que sobraban en mi biblioteca, las que nunca pensaba leer en mi vida. Pero la vida es larga. Fui a la casa de mi viejo con la intención de manguearlo. Como él nunca le hizo asco a la literatura chatarra estaba en buenas condiciones para recomendarme. Me sugirió un Murakami. “¡No no!”, le dije. “Algo que no exija ningún esfuerzo, algo fácil”. Me aclaró que Murakami es fácil. Le dije que ya lo sabía, pero le aclaré que al japo había que leerlo solo, ya sea porque la lectura es atrapante o porque uno quiere cagarlo a trompadas, según el pasaje que uno este leyendo. Y yo quería leer algo mientras jugaba con mi pibe y censuraba a mi mujer por todas las cosas que hace; quería leer algo que no merezca la pena: leerlo y olvidarlo. Luego papá me recomendó 1280 almas, de Jim Thompson. Le aclaré que lo había leído de pibe, y que incluso para un pibe era bastante infantil. No obstante lo cual, un libro parecido a ese, le indiqué, sería lo ideal. Me trajo Ciudad Violenta, del mismo autor.
Y así fue que mientras mi pibe quería jugar a las escondidas (conmigo) y mi mujer gastaba la plata que tanto le cuesta conseguir (conmigo), yo fui conociendo a Bicho, ese perdedor que conmociona porque no es un mal tipo pero está gobernado por sus impulsos. Un tipo que sin embargo puede tener actitudes puritanas sólo para escapar de él mismo, y que no es fácil de hacer llorar. Mientras mi mujer incineraba la billetera en un shopping (¡ah, las fiestas!)  fui tratando con ese comisario que como muchos personajes de la novela es decididamente complejo; y con esas mujeres, todas bellas pero diferentes. Y no me quiero olvidar de Olie ni del dueño del hotel, en el interior del cual transcurre casi toda la historia. Ah, y los hermanos (El pasaje en que los hermanos salvan a su jefe en la calle,  y lo llevan a la casa de ellos, dandole protección pero continuando sometiéndose a él como jefe que es y a su vez el jefe los trata como unos simples empleados, aunque sean sus salvadores y esté en la casa de ellos, es maravilloso. Sobre todo porque Olie es capaz de cualquier cosa por un poco de alcohol, incluso por deshacerse de él.)
Jim Thompson es más conocido por ayudar a Stanley Kubrick en el guión de dos de sus primeras películas, las geniales Casta de malditos y La patrulla infernal, que por sus propias obras. Después de leer esta novela me surgen varios interrogantes. Por empezar, se me hace evidente que el mérito de ambos guiones cinematográficos es de Jim, no de Kubrick. Thompson escribió la novela en el 57', al mismo tiempo que colaboraba con el cineasta. En segundo lugar, Ciudad Violenta es de una complejidad argumentativa (en cuanto giros de la trama y sorpresas varias) que no entiendo como Kubrick no pensó en llevarla al cine, si es que la leyó. Por último, no entiendo como nadie se dio cuenta de llevar esta joya al cine, porque la obra da pié para eso. El final de la novela es muy sugerente, y tiene algo de Casablanca, aunque también un toque de misterio que no se resuelve (o que se resuelve según el criterio del lector.) Y ese final es precisamente lo que nos obliga a leerla de nuevo. (“¿Piedra libre?”… hijo, no estoy jugando a las escondidas, me escondo para poder leer…)
Era todo lo contrario a lo que buscaba, pero funcionó. Divertida, pero a la vez profunda, llena de vericuetos sin resolver, porque uno de los mayores méritos de Thompson es no explicar todo, y eso exige una importante cuota de atención por parte del lector. Todavía me pregunto cómo dentro de la producción del autor esta novela es de las menos conocidas. Ahora voy a volver a leer Ciudad violenta, y que nadie me rompa las bolas. (Qué… un regalito… a ver… un libro de Murakami… ¿Sos boluda o te hacés?... ¿Cómo?... ¿Yo te lo pedí?... Perdón, amor.)
                                                                                                 Enero de 2013

lunes, 31 de diciembre de 2012

La ciudad más austral del mundo

La ciudad más austral del mundo
Determinar cuál es la ciudad más austral del mundo no es una tarea tan fácil—ni tan al pedo— como parece. A los argentinos nos han enseñado que esa ciudad, que tiene el discutible honor de ser la más cercana al polo sur, es Ushuaia. Como casi todo en esta vida, eso es relativo.
Casi sobre el mismísimo polo sur (89°59’ S) se encuentra la base norteamericana  Amundsen-Scott, a más de 2800 metros de altura sobre el nivel de mar (o sobre 2800 metros de hielo, que es lo mismo.) Lo curioso de esta base es que hace casi medio siglo viene siendo habitada de forma permanente. Si consideramos que una ciudad es, de hecho, algo donde permanentemente reside gente, esta, sin dudas, es la ciudad más austral del mundo. El problema con la base Amundsen es su número de habitantes. Toda ciudad que se precie tiene que tener algo más de 20 habitantes, que es el mínimo anual que sostiene la base en pleno invierno, no aumentando de 150 en pleno verano.[1]
Pero una verdadera ciudad tiene que tener residentes que la habiten de manera más o menos espontánea. Algunos chilenos consideran a Puerto Toro (55°5’ S), en la isla Navarino, como la más austral. Pero resulta que toda su población entra en una lancha (36 habitantes, si no se murió alguno) Se parece más a una base de la Antártida que a una ciudad (y la base Amundsen suele tener más gente.)
Los pocos chilenos que consideran a Puerto Toro la ciudad más austral son, seguro, 36 personas. Puerto Williams (54°56’ S), en la misma isla Navarino, cuenta con poco más de dos mil habitantes. No es una ciudad turística, aunque sí muy linda, y está habitada mayormente por descendientes de los primeros colonizadores del lugar, hace más de cien años. Por lo tanto, en Williams la endogamia parece ser la regla. Y cuando uno tiene muchos familiares poco le importa dirimir cuestión tan ociosa como la que tratamos aquí. Sin embargo, este puerto tiene la misma población que Puerto Argentino, en las islas Malvinas, con lo cual quiero indicar que este caserío bien podría ser de mayor consideración (o que Puerto Argentino es en realidad un chozerío.)
No obstante lo cual, Puerto Williams no es más que un pueblo. La primera y verdadera ciudad más austral es Ushuaia (54°49’ S) con más de 50.000 habitantes.  Ushuaia ha ganado la fama mundial de ser la más sureña, pero veremos que esto puede ponerse en duda. Poco más al norte hay una ciudad con más de 60.000, Rio grande (53°47’ S), que alardea de ser industrial—la ciudad industrial más austral del mundo—. Bueh… si lo dicen ellos…
Con más de 110.000, la ciudad de Punta Arenas (53°10’ S), en chile, duplica la población de Ushuaia. Pero no se encuentra en una isla, como las dos anteriores, sino dentro de la masa continental de América. Con bastante razón, los trasandinos la consideran la auténtica metrópolis sureña. 
Sigue Comodoro Rivadavia, como la ciudad con más de 150.000 habitantes más austral (45°51’ S)
Pero para nosotros, habitantes de Buenos Aires, todas las ciudades citadas no dejan de ser una heladería con buena clientela. Para nuestro porteño criterio una verdadera ciudad debería tener al menos un millón de residentes. El área metropolitana de Concepción (el Gran Concepción), Chile (36°46’ S), araña esa cifra.
Nuestro querida Buenos Aires (34°36’ S) es la ciudad más al sur con más de 10 millones. Pero ahí no termina la cosa. San Pablo, Brasil (23°33’ S) es la mayor de 20 millones en esa condición.
 Y eso no es nada: Tokio, Japón (sino dónde), es la más sureña con más de 30 millones. Que Tokio se encuentre a 35° de latitud norte nada impide que sea la ciudad más austral del mundo. Por supuesto que esto es así siempre que hagamos algo de trampa. Pero dónde no la hay.
Diciembre de 2012





[1] Si convenimos en que en el espacio no hay arriba ni abajo y que el sur por lo tanto, se puede ubicar “arriba”, podemos asegurar que los yanquis no solo clavaron la bandera en la Luna, sino también en la cúspide de nuestro propio planeta. Por otra parte, como dato curioso, la base tiene una dirección en longitud (139°16’), lo cual suena como una joda grande como una ciudad, porque, por ejemplo, el paralelo de 180° que marca el cambio de fecha se encuentra a escasos 20 metros y el de Greenwich a poco más de 100.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Amor por los animales

                                 Amor por los animales
A Ramón le hubiera gustado llevar a su hijo al zoológico, pero tuvo que ir al cementerio de animales. Sobre las lápidas la gente, en silencio,  lloraba o marchitaba el rostro. Algunos miraban al cielo buscando una explicación, una respuesta. A Ramón  le resultó desagradable comprobar que había más personas de las que esperaba encontrar. No solamente eso, las personas suelen llevar a sus mascotas al cementerio, que ladran, maúllan y mean sobre las tumbas. Una señora bonita hincó sus rodillas sobre el barro y puso el enorme busto sobre una lápida meada, sólo para llorar con mayor comodidad a su difunto perro. Ramón rompió a llorar casi por contagio. Porque a Ramón le hubiera gustado llevar a su hijo al zoológico, pero su hijo estaba enterrado en el cementerio de animales.
                                                                              Diciembre de 2012

Para otro cuento con características similares, aunque superior:

viernes, 30 de noviembre de 2012

Cómo viajar al futuro leyendo los diarios viejos

Cómo viajar al futuro leyendo los diarios viejos
Viajar al futuro es una tarea difícil, pero no imposible. Einstein y sus epígonos llegaron a razonar que  viajando a velocidades cercanas a la de la luz el tiempo se contrae y eso permite un salto en el tiempo hacia adelante. Otros colegas de Einstein sospecharon que cayendo en una singularidad astronómica llamada “agujero negro” podíamos experimentar resultados parecidos, y varios escritores de ciencia ficción aprovecharon esa sospecha para consagrar novelas, la más famosa de las cuales quizás sea El planeta de los simios, de Pierre Boulle. También el estado vegetativo de ciertos pacientes, que despiertan después de un largo y añoso sueño puede entenderse como una forma de viaje en el tiempo, aunque no como una forma deseable de realizarlo. Finalmente, con un poco de imaginación, aislarnos de las noticias por un tiempo prolongado nos puede convertir en los dueños del reloj.
                Pero hay una forma de viajar en el tiempo que es más sencilla, aunque inaccesible a la mayoría de las personas: develar por el mero análisis cuál es la agenda periodística que está siguiendo un diario. En otras palabras: si razonamos lo que dicen en las últimas semanas, podremos conjeturar lo que dirán mañana. Para viajar al futuro hay que volver al pasado.
 Mucha gente cree que la agenda periodística es sencilla y lineal, sin complicaciones. Por dar un ejemplo: la agenda de este mes se centra en la inseguridad. Entonces durante todo el mes tendremos noticias de este tipo. Sin dejar de ser esto cierto, no deja de ser un caso bastante torpe y de poco vuelo. La mayoría de las veces no es así. Estas agendas se han venido complejizando en los últimos tiempos hasta niveles muy sutiles. Se ha tornado una secuencia que se parece a capítulos de una novela. Por eso mismo, es muy importante releer los diarios de una o dos semanas de antigüedad para conocer hacia dónde están fabricando la agenda, para saber cómo puede terminar la novela.
No encuentro mejor manera de explicarme que refiriéndome a mi propia experiencia, a la forma en que yo aprendí a viajar en el tiempo.
En 2007 me encontré, por varios días, con una noticia persistente, (con una agenda). El gobierno de Néstor Kirchner quería traer al país a la ex presidenta Estela Martínez de Perón, para someterla a juicio. La noticia había sido lanzada desde el diario oficialista Página 12 como un pedido de la justicia Argentina. Los diarios de la oposición se hicieron eco de lo que muchos— en especial la derecha peronista— consideraban una persecución política.
Con los días llegué a la conclusión de que el tema no tenía que ver necesariamente con una cosa ni con la otra. El caroso del tema era algo más sutil. Por aquellos días se hablaba de si el candidato del oficialismo iba a ser pingüino o pingüina. Tuve una revelación: iba a ser ella, iba a ser pingüina. Con la persecución a la oligofrénica—y por lo tanto inimputable—  Isabelita, se estaba tratando de limpiar la imagen  pública de una mujer presidente.   En efecto, gran parte de la ciudadanía podía percibir más las semejanzas entre ambas que las diferencias. Ambas eran mujeres peronistas. Ambas eran esposas de un presidente carismático que las precedía y que las promovía en el cargo. Entonces, era necesario atacar a Isabel para defender a Cristina.
Con el tiempo noté que estas estrategias, consistentes en hablar de un tema para predisponer u orientar a la opinión pública en otro tema, son prácticas muy comunes en nuestros días. No se habla del tema más importante, del tema de fondo, sino de algo relacionado tangencialmente, que lo toca indirectamente.
Me gustaría graficarlo con dos agendas paralelas recientes, una del oficialismo y otra de la oposición. Ambas escondían el mismo tema de fondo, pero hablaban aparentemente de cosas diferentes.
La oposición—léase Clarín— publicaba semana tras semana el hallazgo de un bebé recién nacido abandonado en la puerta de un hospital. Ese bebé era salvado por el amor de los médicos y por el amor de los vecinos. El tema de fondo, lo no dicho, era el tema del aborto, como se deduce de  pensarlo un poco. Si la madre no quiere a su hijo, este hijo puede vivir igual.  El oficialismo – léase Página 12—respondía todas las semanas con una mujer quemada por su marido. ¿Qué mensaje hay detrás de esto? Por supuesto: el derecho de la mujer sobre su cuerpo. En este caso tampoco se mencionaba el tema de fondo, que era ni más ni menos que el aborto, que finalmente sí llegó a la tapa de los diarios. Pero para el lector atento esto ya era tapa muchos meses antes, como si estuviera leyendo el futuro.
Clarín buscaba orientar las mentalidades en un rotundo no al aborto, y  Página 12 buscaba lo contrario. Lo que se busca es sensibilizar a la opinión pública en uno o en otro sentido, tratando de que esta misma opinión pública no se aperciba de ello, que no se dé cuenta que la están manipulando. Yo me tuve que dar cuenta por mis propios medios, y les aseguro que no hay otra forma, no hay ningún medio editorial  que esté interesado en publicar estas estrategias por obvias razones. Póngase la mano en el corazón: ¿Cuándo lee un diario se da cuenta de lo que le están haciendo? ¿O va tranquilamente a la verdulería a conversar con el vecino sobre ese pobre bebé que fue abandonado por su mami? Trate de pensar por usted mismo. Nadie lo va a ayudar.
Entonces, leyendo los diarios de los últimos días, podemos llegar a la conclusión de lo que nos depara el futuro.
Pero hay otras estrategias que nos pueden acercar al futuro. A continuación les voy a pronosticar lo que va a pasar en los días previos a las elecciones legislativas de 2013.
Para saber de lo que se va a hablar en los medios en los meses previos a esa votación es necesario ir al pasado. Más concretamente al 28 de octubre de 2010. Ese día moría Néstor Kirchner. Pero ese día también se realizaba el último censo en nuestro país. Ese censo—como todos los censos— le dio una herramienta fundamental al periodismo: la posibilidad de saber cómo está compuesta la población Argentina según edades, sexo, etnia, calidad de vida, vivienda, número de hijos, cambio de residencia, lugar de origen, y muchos etcéteras. Solamente me voy a referir a una de las variable para dar un ejemplo; la de los ancianos.
Según el censo 2010 la ciudad con mayor cantidad de ancianos es Buenos Aires. La mayoría de los ancianos son ancianas, por un amplio margen. Más de la mitad vive solos. La gran mayoría son propietarios. Estos ancianos no tuvieron más de dos hijos. Casi todos son argentinos, y los que son extranjeros no provienen de países limítrofes. Y las tres cosas más importantes: casi todos votan. Casi todos se informan por la televisión. Casi todos pasan la mayoría del tiempo en sus casas.
La consecuencia lógica de todo esto es que mientras la población activa se informa por otros medios y está ausente de las casas al mediodía, este importante nicho de votantes está esperando la noticia. Esa franja etaria comparte ese horario con las amas de casa, y hay que recordar que la mayoría de los ancianos son ancianas. Por lo tanto, acá tenemos un primer acercamiento  de hacia dónde tenemos que apuntar cuando pensamos una noticia por la tele a las 12 del mediodía.
Pero hay más. Si usted fuera oposición en la ciudad de Buenos Aires y tuviera que pensar una estrategia de seducción para cosechar el voto anciano, ¿qué haría? Piense con maldad, como piensan ellos, no con la bondad con la que va a la verdulería. Yo daría a publicidad ancianos golpeados, que viven solos, que son abandonados. Pensaría en meterles miedo a esas ancianas para que teman a los peruanos que roban. Hablaría de un tiempo pasado que siempre fue mejor. Reivindicaría el tranvía. Condenaría la destrucción del mobiliario público. Presentaría a los adolescentes como gente peligrosa. Procuraría que piensen que Internet es un vicio adolescente con cosas como “¿Usted sabe lo que hace su nieto cuando navega?” y una semana después comentaría el caso de una niña seducida por una red social y luego abusada.[1]
Todo vale para meter miedo y para que terminen votando lo que yo quiero. No es algo propio de la derecha o de la izquierda, sino del periodismo, que siempre milita para algún lado. Este es un buen ejemplo de cómo funcionan los medios. Acuérdese: para mediados del año que viene el maltrato a los ancianos será tema de la agenda. Se lo aseguro. [2]
Y antes de cerrar me gustaría aclarar algo. Todos los días hay un anciano golpeado o una mujer quemada. Un periodista, paradito en la puerta del Instituto del Quemado, puede ver pasar en unas horas varios casos. (Incluso el muy oportuno caso de una anciana quemada por su nieto.) Pero muy pocas veces estos temas llegan a la pantalla o al diario. Solamente lo hacen cuando la agenda lo habilita. Entonces, como se ve, muchas veces la noticia no es lo que pasa, sino lo que se elige. De esta manera, la realidad se construye. Y si se construye, es porque hay algunos pocos que saben lo que están construyendo. Son los arquitectos que diseñan el futuro. Son los que saben lo que vos vas a pensar el día de mañana. [3]
                                                                                               Noviembre 2012


[1] Como los adolescente también podrán votar en estas elecciones 2013, a ellos les bajaría un mensaje diametralmente opuesto, por canales diferentes, como Internet o ciertos programas de TV que no son abiertamente políticos.
[2] Sospecho que el agente que va a propagar estas noticias no va a ser Canal 7, sino Canal 9.
[3] El kirchnerismo ha hecho mucho en denunciar ciertas prácticas del periodismo (y para usarlas, por supuesto) y solamente por eso les voy a estar eternamente agradecidos. Pero tienen un límite en sus denuncias. Ese límite es el que intento pasar en este artículo.

La única verdad en 300 páginas

 La única verdad en 300 páginas
Hay quienes han rotulado a la metafísica como una rama de la literatura. Son pocos. Somos pocos. En general el filósofo se empeña en defender su filosofía—y la de los otros—como si de cosas muy serias se tratase.
Es una bobada. Vos podés creer que Hegel creía en su metafísica, pero un hombre grande, mayor de edad, en pleno siglo XX,  no puede ser tan pavote. 
Entre los filósofos pavotes está Conrado Eggers Lan (+1996), muy seriecito, muy erudito, muy defensor de la filosofía especulativa.
De él estuve leyendo las 300 páginas del libro que le dedicó a los presocráticos[1], a quienes considero los tipos más divertidos que han pisado este planeta.
Para empezar, Conrado se enoja con W. Jones, un filósofo divertido que dice más o menos esto, si la memoria no me falla: los médicos juegan al fútbol, no a la medicina; los ingenieros juegan al tenis, no a la ingeniería. Pero los filósofos resulta que juegan a la filosofía. En Grecia, mediante este juego, habrían surgido los primeros filósofos, que jugaban a especular cosas descabelladas, justificándolas para mayor diversión. Concluye Jones afirmando que mientras a un médico se le puede morir el enfermo y a un ingeniero se le puede caer un puente, esto no pasa con las especulaciones. Es más, entre los griegos jugaban a la refutación, o sea, a destruir los argumentos especulativos del prójimo.
Todo esto lo dice Jones con un marcado acento aprobatorio, casi como que se pone a aplaudir. Pero para Conrado la filosofía no puede perder seriedad, y se enoja, se encula.
Después nuestro filósofo—lo digo porque era argentino—se ensaña con las críticas que le llegan a la filosofía desde las ciencias. Uno adivina en ese enojo de Conrado que su norte está en reivindicar a la filosofía como una rama científica. Para justificarse termina diciendo que todos los presocráticos  hicieron un aporte a la ciencia.
Luego Eggers Lan nos da un cursillo de filología. No nos han llegado las obras de los presocráticos. Algunas deben haber sido quemadas muy tempranamente. Algunos de estos filósofos tal vez jamás hayan escrito algo. Algunos jamás hayan existido. Los fragmentos que conservamos de ellos son de tercera mano, en el mejor de los casos, y en casi ningún caso se trata de una cita literal, porque a ningún escritor antiguo se le hubiera ocurrido ser tan preciso y porque en el griego antiguo no existen las comillas. También está el problema de las atribuciones. Casi cualquier cosa que suena a sabiduría era atribuida a algún viejo filósofo muerto. De esta manera, por ejemplo Tales de Mileto, habrá dicho menos de la mitad de las cosas que se le atribuyen. Otro problema es el de la distorsión. Dos ejemplos clásicos son los de Platón y Aristóteles. El primero, en sus diálogos, por ejemplo en el Parménides, pone a Parménides a dialogar con Sócrates, en un deliberado anacronismo. El segundo intenta enderezar lo que dijeron los presocráticos para justificar su propio sistema. Además, todos los griegos citaban de memoria, y la memoria siempre falla. A esto sumémosle que la principal fuente creible de estos filósofos es Teofrasto, que es un discípulo de Aristóteles. Pero no conocemos ninguna obra de Teofrasto, ya que se han perdido. A Teofrasto lo conocemos por los buchones que vinieron después.  Y a todo esto hay que agregarle la consabida falibilidad de los copistas, en especial de los medievales, que modificaban un renglón para que no se enoje Dios.
Si esto es así, si la fantasía está presente siempre que hablamos de los presocráticos, ¿cuál es el problema de Conrado? ¿Por qué no puede aceptar que la filosofía es literatura fantástica, un  juego apasionante? Nada más y nada menos.
A Fedro, Sócrates le criticó que le importara quién dijo qué cosa y en qué lugar, en vez de interesarse por el valor de verdad de los argumentos. Egger Lan termina diciendo:
“Tal vez los investigadores modernos pequemos, al estudiar la filosofía griega, de lo que se le imputa a Fedro.”
Debe ser la única verdad que dice Conrado en todo el libro. El resto es puro juego, aunque Eggers no lo confesara.
                                                                                                 Noviembre 2012




[1] Eggers Lan, C; Los filósofos presocráticos, Barcelona, Planeta Dagostini, 1998.