domingo, 6 de noviembre de 2011

Un cuento de terror escrito por Dios

Un cuento de terror escrito por Dios.

            He dedicado varias líneas a la Luna, y casi ninguna al mar, que me gusta llamar océano porque guarda con mayor fidelidad la idea de inmensidad. No ignoro que hay mares que no son océanos, pero en general, ‘mar’ es un término acaparado por los poetas y ‘océano’ por la precisión filosófica. No obstante esta aclaración, le debo unas líneas a esos inmensos espacios de agua.
            Un poco obligado por esta deuda, me puse a pensar en la cuestión, y quedé impresionado por los contenidos inmediatos de esos pensamientos (eso que algunos llaman  “libre asociación”) Luego los elaboré y los puse en este papel. Siento que ahora es el océano el que esta en deuda conmigo. Nunca lo crucé ni lo perforé. Espero que Dios, que nos hizo a ambos, me dé esa oportunidad alguna vez.

El hombre alcanzó la Luna antes que  las profundidades del océano.123 Las dificultades técnicas (por cierto que muy diferentes) eran parecidas en cuanto a la cantidad de esfuerzo que implicaban ambas empresas. Sin embargo, el hombre decidió que la carrera hacia la Luna era más interesante. Era otro mundo, estaba más lejos, era más espectacular y, por supuesto, podía reportar  suculentos beneficios en la escalada armamentista.. Además, que podía ofrecernos el lecho marino. A lo sumo una multitud de seres con branquias, manjares para el paladar del ictiólogo y del chef.
Por inferencia y a falta de una experiencia directa  se suponía que allá abajo no había nada, he incluso se siguió pensando así con los primeros descensos al abismo. Por empezar, la vida era imposible. Ningún organismo podía resistir a la presión hercúlea que significa varios kilómetros de agua encima.  La falta de la más remota gota de sol parecía confirmar esa sospecha. A lo sumo se conjeturaba con la posibilidad de cierta colonia de microorganismos que sólo  los entendidos valorarían en su justa medida. Podía haber vida en Marte, pero no en las profundidades.
Sin embargo, la misma ciencia se encargó de desmentirlo. En 1938 se descubrió al relativamente conocido Celacanto (al punto que esta computadora acepta la palabra como perteneciente al castellano) Es un verdadero fósil viviente, que se creía extinto hace 300.000 años. El bicho había permanecido oculto allá abajo. Quienes lo han visto sabrán que, para los cánones de belleza de nuestra era geológica, es horrible, espeluznante. Lo primero que llamó la atención del mundo docto es que se trataba de un animal carnívoro, lo cual significaba que compartía su habitad con otras especies.124 Sin embargo, esto allá por 1938, y resultó que el celacanto no provenía de aguas excesivamente profundas como para superar los prejuicios.
A partir de las últimas décadas los hallazgos fueron increíbles y la oceanografía ganó terreno. Lava líquida calienta e ilumina varias fosas marinas, a más de 10 000 metros de profundidad. A su abrigo viven una colección de seres extraños. Ninguno guarda semejanza con la sirenita que imaginó Hans Christian Andersen con el deliberado propósito de entretener a los niños.. Dios, cuya imaginación es otra, plasmó en su obra un mundo submarino cuyo destinatario es el hombre. El hombre de nuestro tiempo (que a sus ojos es un niño.) En él, bestias de rara fisonomía, nadan. Lo hacen bajo presiones increíbles, al extremo que bajo presiones a nivel del mar se desintegrarían. Bajo temperaturas bajísimas que impiden su congelamiento. En aguas quietas, casi estancadas. Lo hacen para comer y reproducirse, como las ranas y el 90% del género humano.. Se arriesga que estos bichos, escapando de enemigos naturales que merodeaban aguas menos profundas, se habrían refugiado en los abismos del océano, merced a algún cambio evolutivo, (o sea, con la cooperación del tiempo que insistimos en llamar evolución.) El celacanto, al lado de ellos, es hermoso, bello. No es posible describir esas formas, tan adaptadas a su medio, tan horribles como su medio. Recordé que Infierno viene de una palabra que literalmente quiere decir ‘debajo de la tierra’ Procuré conseguir alguna enciclopedia que me los muestre en generosa cantidad. Se los conoce como peces abisales, o peces de los abismos. Ojos atrofiados, hipertrofiados o  inexistente. Colores múltiples. Dientes expuestos como quebraduras expuestas. Órganos luminosos. No es humanamente posible describirlos. Son... son otra cosa.
 Si queríamos demostrar nuestra soberbia subiendo la torre de Babel, Dios nos hace bajar para que conozcamos la suya. Aconsejo a todos mis lectores la reveladora visión de estos seres. No hay artista, por original que sea, que los pueda reproducir. No hay forma de transmitir en un artículo la asquerosa, repugnante, horrible sensación que a uno lo invade ante esas imágenes.¡Ah! y olvidaba decirlo; la sensación de que, ante los ojos de Dios, nosotros no somos más lindos que ellos.
En estos seres pienso cuando miro el océano, y también cuando me miro en el espejo.



123 1959 y 1960, respectivamente. Se sabe, el hombre pisó el satélite en 1969; no obstante, las primeras fotografías de su cara oculta fueron tomadas por el Lunik 3 en aquella fecha, con lo cual no sólo se alcanzó la Luna, sino que incluso se la superó. La comparación es pertinente, pues el lado oscuro del satélite se asocia “intelectualmente” con el fondo oceánico, que también permanece oculto.
124 Utilizo el tiempo pasado porque se han encontrado muy pocos ejemplares de este animal, y puede ser que ya no esté entre nosotros. Aunque, por experiencia, debemos mantenerlo con vida

Un burócrata camboyano (cuento)

Un burócrata camboyano.

            En las cumbres que separan Camboya de Tailandia vive gente. Pequeñas y aisladas comunidades de humanos que solo frecuentan algunos turistas occidentales, como Jaques. Jaques no es haitiano, es francés. Francia es una republica al oriente de Haití. No obstante estas estériles disquisiciones, Jaques llega a Camboya para tener una vivencia de lo que alguna vez fue la indochina francesa, y luego de cuatro insoportables calurosos días de caminata llega a destino. Verdadero “turismo aventura”, que le llaman.
            Para estos aislados que solo conocen las cumbres de aquellas montanas  (y estamos en condiciones de afirmar que ignoran que se trata de una montaña porque jamás bajaron para apreciarla), estos aislados seres que ignoran las islas de la misma manera que ignoran los cursos mayores de agua tanto como los mares, también ignoran, mal que le pese a Jaques, que alguna vez hubo un país que los colonizó (y para ser exactos también ignoran que son camboyanos  y, obviamente, que del otro lado hay algo así como Tailandia.)
            Jaques convive con ellos un par de días, o un par de lunas, como acostumbran decir estos montañeses, y le propone a lo que vendría a ser algo así como el líder (y probablemente el progenitor de toda la aldea), llevarse a alguna de las muchachas a conocer el mundo. Líder, que no podemos saber si ha entendido la proposición que Jaques a transmitido en un lenguaje sordomudo occidental, acepta. Pero,... ¿qué es lo que acepta Líder? Jaques no quiere ni averiguarlo; él tiene a su Tarzana amarilla, un excelente recuerdo de Camboya. 
            Habría bajado 100 metros con su trofeo cuando quizo ver la aldea por ultima vez, pero las nubes ya habían ganado la cumbre. Olvidó el asunto y siguió bajando. No adelantó mucho cuando escuchó que desde la cumbre llegaba una risa burlona, ofensiva, hiriente, de procedencia inconfundible, de Líder. Casi instintivamente volvió la vista para que Tarzana Amarilla le explique. Pero,... ¿qué le podía explicar ella?  Siguió bajando, aunque ahora apuró un poco el paso... por si las dudas... No llegó a olvidar el asunto cuando una carcajada generalizada llegó desde arriba, un coro siniestro y burlón en el cual quedaban apareados todos los miembros de la tribu. Cuando las risotadas cesaron (lo que no fue pronto) le hizo llegar la inquietud a su Tarzana. La amarilla se rió rápida y ruidosamente.

            El burócrata camboyano se encuentra tras un escritorio, tras sus gafas, y tras sus gafas sus párpados caídos: el burócrata camboyano duerme. En el escritorio suena una radio y un pequeño ventilador proyecta aire sobre el burócrata. Jaques, que jamás en su vida pensó que tendría que pedirle algo a un camboyano, no puede evitar los prejuicios. “El ventilador tiene el mismo tamaño que la cara de este tipo, y queda claro que desarrolla mayor actividad”. “La radio puede ser a pilas, pero el ventilador está enchufado; estoy en la civilización: hay electricidad”. Toma el ventilador y cambia la dirección del aire. Incómodo, el camboyano se retuerce en su silla y abre los ojos.
__ ¿Qué quiere?__ Dice en francés el burócrata, despertando.
__ Quiero salir del país.
            El camboyano bosteza, busca unos papeles y se los tiende.
__ Firme al pié... y váyase cuando quiera.
            Jaques entendió que el hombre le pedía que se vaya para mejor poder dormir. Y, como a buen entendedor pocas palabras, el burócrata giró sobre sí el ventilador y cerró los ojos. Pero tuvo que volver a abrirlos cuando le desenchufaron el aparato.
__ ¿Todavía está acá?__ Se malhumoró.
__ No pienso irme sólo... me voy con ella.
            El burócrata buscó unos papeles y se los pasó.
__ Tiene que presentar esta documentación. Después puede hacer con ella lo que quiera
            Jaques leyó, miró a su Tarzana y mostró un irreprimible fastidio
__ ¿Cómo pretende que esta salvaje tenga documentación?
__ Ese no es mi problema. DNI y partida de nacimiento.
__ ¿Cómo?__ Dijo Jaques, profundamente azorado.
            El camboyano volvió a cerrar los ojos y agregó.
__ ¡Ah!... y Constancia de Servicio. Usted sabrá que el servicio militar es obligatorio en este país... también para ellas.
__ Pero ella no es camboyana.
__ ¿No?, ¿y de dónde es?
__ De las montañas que separan a este país de Tailandia.
__ No existe ninguna persona en el mundo que sea de la frontera. O es camboyana o es tailandesa. Si es camboyana tendrá que presentar documentación para salir del país; si es tailandesa tendrá que presentar documentación para demostrar cómo entró al país. __ Y volvió a abrir los ojos para rematar__ Lo mismo si es tailandesa o de Marte.
            Jaques, quizás aprovechando que el camboyano tenía los ojos abiertos, le mostró unos billetes.
__ El último que aceptó plata pudo elegir un buen traje el día de su ejecución.__ Tomó los billetes y se los guardó__ El pobre tonto no solo aceptó la plata  de aquella persona sino que también lo dejó salir acompañado.__ La ira del francés era enorme, le hacia apretar los dientes y le impedía decir algo.__ Si la muchacha no tiene documentación es lo mismo que si no existiera. La única forma de existir es demostrándolo.  Está mujer, para la ley, es lo mismo que si jamás hubiera nacido. Y si nació, lo tendría que haber hecho dentro de una frontera. De lo contrario, no existe.  Y si no existe ella, la plata que usted me dio tampoco existe.__ Volvió a cerrar los ojos__ Devuelva esta joven a las montañas. Haga lo que le digo o tendré que mostrarle a las autoridades los billetes que tengo encima, y es probable que usted tampoco abandone el país. __ Hizo una pausa y volvió a abrir los ojos, pero como vio que Jaques no se movía y no tenía ganas de perder los billetes, remató__ No se olvide que aún recordamos el imperialismo francés... y para saberlo francés no necesitamos sus documentos.

            Y Jaques decidió restituir a su Tarzana amarilla a su montaña. La podría haber abandonado por las calles de Phnom Penh, que es la capital de ese país, pero movido por un irracional miedo a las represalias desistió de hacerlo. Si antes le había tomado cuatro días llegar, ahora solo le consume tres, pues no está movido por el entusiasmo, sino por el espanto. Ya ve la cima de la última montaña cuando las nubes se adueñan del entorno. Unas carcajadas vienen desde arriba. Son idénticas a las que había escuchado al bajar. Pero como ya había pasado por eso, y como solo desea terminar con el asunto, no le da mayor importancia. Sólo procura aferrar de la mano a su Tarzana y, a pesar de las dificultades que se presentan por la falta de visibilidad, seguir subiendo para poner punto final a ese infierno. Las nubes no le permiten ver más allá de un metro, pero nota que ya no sube, a llegado. Sin embargo....  Ahora desearía escuchar aquellas risas para al menos tener la certeza de estar entre la tribu. Los minutos pasan. Aprieta la mano de su Tarzana. Se voltea para mirarla. Pero la densidad de esas nubes es tal que no puede ver su rostro. Desesperado, y aunque nunca lo hubiese imaginado, grita con la esperanza de encontrar a Líder. Pero Líder no aparece. ¿Habría equivocado la montaña? No, eso no era posible; la misma Tarzana se lo haría notar. Repentinamente, como en un abrir y cerrar de ojos, las nubes desaparecen. El lugar es el correcto, pero no hay ninguna aldea. Una carcajada se eleva a su lado. Es el burócrata camboyano, que lo está tomando de la mano.


Tres islas (Varios Artículos)

Tres islas.

La isla de Robinson Crusoe.

No recuerdo que famoso filósofo contemporáneo, quizás recreando el famoso cuadro Esto no es una pipa del belga René Magritte, decía que un león tras las rejas no es un león. Lo que lo convierte en león no es su pelaje, sus enormes dientes o su poderoso rugido. Porque eso es solo una excusa del felino para hablar de su entorno; de las noches en la estepa, de su camuflaje, de la melena que seduce a la hembra, de la comunión entre las hembras para ir a buscar la comida. Ver un león es ver todo lo que circunscribe la vida de este felino, donde también cae la muerte de la cebra y del antílope.
            Bueno, lo mismo se podría afirmar de los humanos, o para ser más precisos de aquellos que no llegaron a ser humanos o perdieron su condición de tales. Grato es el ejemplo de Alexander Selkirk, quien se hizo medianamente famoso al quedar durante cuatro años y pico literalmente aislado del mundo en una diminuta isla del Pacífico que hoy pertenece a Chile.  Cuando lo encontraron—y fue casualidad porque no lo andaban buscando—parecía cualquier cosa, quizás un león, pero no uno de los nuestros. Pronto nacería alguien que se le asemejaría mucho, Robinson Crusoe. Este era menos un león porque encontró a Viernes y porque Daniel Defoe era demasiado ingles como para deshumanizar a un compatriota. (de hecho hasta el mismísimo Viernes parece humanizarse.)
            Sarmiento inmortalizó un aspecto de Facundo, Flavio Josefo y Tácito perpetuaron a un Jesús de carne y hueso con sólo dos líneas, y Platón eternizó a su maestro hasta en aspectos insospechados—incluso un Sócrates deliberadamente silencioso, tal como lo encontramos en El Sofista* Pero el que se pasó fue Daniel. Cuando en 1719 publica su lograda novela, el motivo de su inspiración, Alexander Selkirk, hacía más de diez años que había retornado a la isla (a Gran Bretaña, claro.) Vivía malhumorado y en pena. Extrañaba su solitaria existencia como náufrago. Quería volver pero no lo dejaban. Se había transformado en una pequeña celebridad en su pueblo escocés, lo cual le reportaba una ganancia para nada despreciable que le permitía vivir con las comodidades que la civilización de la época podía reportarle, como, por caso, un esclavo, que bien podría haberse llamado Viernes. Cuando nuestro amigo hablaba de su pasado decía “mi isla”, casi como si de una hija se tratase. No obstante, gracias a Don Daniel, la posteridad ha bautizado a la pobre como Robinson Crusoe, y podemos estar seguros que Alexander es mucho menos famoso desde la aparición del libro, injusticia que yo humildemente estoy tratando de reparar. Sin embargo el lector puede afirmar que yo me encuentro en un error, ya que nuestro hombre quería desaparecer de la civilización y de las efemérides retornando a su isla para ser un poco menos hombre. ¡Bien! Pero...¿cómo se llama la isla? Hace poco leía que Alexander Selkirk había vivido cuatro años en la isla de Robinson Crusoe. Como ven, hasta en el tiempo la ficción llegó a preceder a la realidad.**

La Isla de Pascua.

            Vamos a ser claros, la isla en cuestión no es la única en el mundo, ni para ser náufrago y terminar en algo menos que humano es necesario estar sólo. No se me ocurre mejor ejemplo que otra isla chilena; la isla de Pascua, cuyo nacimiento, apogeo y decadencia les quiero transmitir.
            Parece ser que desde uno de los archipiélagos más orientales de la polinesia un buen día se extraviaron dos o tres canoas por el inmenso Pacífico. Serían unas diez personas que gracias a tormentas parecidas a la que le hicieron perder el rumbo lograron saciar la impostergable sed, y gracias a la carne del prójimo—en un principio eran unos veinte—dejaron satisfecho el estómago para que el azar los depositara en esa desierta y apartada isla, el punto del planeta más solitario que se conozca.
            Es tradición entre los marineros de la polinesia, como entre casi todos los pueblos del mundo, que quienes toman los remos sean hombres. No obstante, hechos posteriores confirman que en aquella primera expedición humana que puso un pié en la isla había al menos una mujer. Una especie de Eva, disfrute o resignación del resto de los bucaneros.
            Algunas generaciones después a algún nieto se le ocurre volver al mar para ver mundo. Esa isla podía tener todo lo que no tenía la polinesia, pero cuando un pueblo es marinero es marinero, y no hay nada que hacer. Volverán a intentarlo una y otra vez, aunque el azar les juegue en contra, aunque un hermano se haya ido para no volver nunca más. Así, este nieto agarró un árbol y siguiendo las lecciones impartidas por sus mayores—quien sabe si por su hermano—lo transforma y lo arroja al agua. La suerte de este muchacho no habrá diferido de la suerte de quienes lo intentaron antes. O se perdió para no volver, o volvió para construir otra canoa, más grande, mejor, para ir más lejos... y no volver nunca más.
            Las generaciones se suceden. Primero alguien dice “que no cunda el pánico”, pero el pánico termina por cundir porque empiezan a sospechar que si los marineros no regresan no se debe a que hayan descubierto algo mejor. (Porque al comienzo seguro estaba la idea de que si ellos mismos habían recalado en un lugar tan especial como Pascua por perderse en ignorados mares lo mismo le había pasado a estos otros. En fin de cuentas ellos mismos no habían podido regresar a su tierra de origen.)164
            El tiempo acaba con todo, incluso con un pueblo marinero. Las generaciones empiezan a evitar la construcción de canoas, y lo que es más admirable, terminan por perder la capacidad para construirlas. Finalmente nadie recuerda lo que es una canoa y—aún más admirable que lo anterior—ya no saben lo que es un pueblo marinero. Sin embargo, no han perdido la costumbre de utilizar los árboles, que tanto abundan, para la confección de casi cualquier cosa, incluso la de esas cabezas cuadradas que parecen haber tenido un sentido ritual.
            Con el paso de los años y de los siglos la gente se multiplicó, las tares se diversificaron y la cultura de lo que llegó a ser un pueblo numeroso se tornó tan autóctona y rara como la fauna del lugar, ambos como consecuencia del aislamiento.165 Lo que en un principio eran pequeñas cabezas de madera se convirtieron en los famosos bustos de piedra que aún hoy señorean en esas costas y que parecen escrutar el horizonte a la espera de aquellos marineros que no volvieron. Se hicieron de a decenas, de a centenas. Cada día las hacían más grandes. Cada gran cabeza de piedra la hacían en cuestión de días, porque el tiempo que insumían en su realización se estrechaba como producto de una extraña enfermedad que los empujaba a sacar adelante esos monumentos con una rapidez inaudita. Siempre estaban cincelando las montañas y utilizando una cantidad ingente de troncos para deslizar esas enormes estructuras en su descenso hacia la costa. Quizás estaban desesperados porque nada aparecía en el ancho mar. Y ya no hablamos de los que no retornaban, sino de cualquier cosa.
Y acá aparece nuevamente el tiempo que todo lo aniquila. Progresivamente se olvidaron de los que se fueron, se olvidaron de reencontrarlos, se olvidaron que habían venido de otro lugar, las canoas dejaron de existir en sus mentes y llegaron a la siguiente conclusión: Ellos no estaban aislados; la isla era todo lo que había en el universo. Aceptaron como lo más natural del mundo su soledad y ya no tenían que hacerse mala sangre por eso, de modo que tuvieron un problema menos. Como habían olvidado la náutica, la sola idea de que algo apareciera flotando en el horizonte los movía a risa.
Como la costumbre es más persistente que el buen juicio siguieron construyendo cabezas. Si estos monumentos continuaban mirando hacia el infinito mar no se debía a nada más que a eso, a la costumbre. En fin de cuentas tenían que mantener ocupados a esa enorme cantidad de esclavos, y que mejor idea que mantener las cosas como estaban, aplicándolos al cincel y al traslado sobre troncos de aquellos portentos. Se volvieron conservadores y poco flexibles mentalmente. Dieron por sentado que las cosas no debían cambiar nunca y que nada nuevo se debía esperar. Y hasta la esperanza fue desterrada bajo el miedo a todo cambio.
Pero si uno no cambia, cambia el medio. Algo extraño empezó a darse, desconcertando las mentes más conservadoras. Por copiosas que fuesen las lluvias los árboles entraron a escasear. Claro, el tema era su utilización indiscriminada en el proceso de traslado de los monumentos. Y con la tala, lo que se corrompió fue la tierra, que se presentó cada día más estéril por la mala utilización del suelo. Para empeorar las cosas, las mejores tierras fueron reservadas para que den troncos en un intento desesperado porque nada cambie.166
---------------------------------------------------
Cuando aparecieron los ingleses en el horizonte se encontraron con un espectáculo que ni Dante imaginó. La cantidad de isleños era tan pobre que bien podrían haber subido  todos a una canoa, si la hubiesen sabido construir. El hambre los había empujado a la antropofagia, y a una enemistad irreductible entre dos pequeños grupos que competían por la “comida”, casi con la misma intensidad con que se juega un partido de la Copa Libertadores.
Me gustaría aclarar que lo que acaba de leer es una rememoración de un excelente documental que he visto hace mucho tiempo. Lo que la memoria no me ayudó fue reemplazado con mentiras, que otros prefieren llamar ingenio.—Y para ser sincero y no cerrar con otra mentira confieso que en muchos pasajes apuré las mentiras porque eran más interesantes que las verdades. Me ha pasado lo que a los isleños; he perdido la capacidad de la memoria pero he compensado ese defecto con originalidades.
Es evidente que el fin que perseguía el documental era ilustrar por analogía sobre los difíciles momentos que nos esperan en caso de no cuidar esta pequeña isla que es nuestro planeta.

Australia.

            En los años setenta Australia sorprendió al mundo con una película horrible, pero cuyo argumento, en lo básico, resulta al menos llamativo. Se trata de la insoportable “La gran ola” de Peter Weir. La cosa viene así: un antropólogo bastante cheto, felizmente casado con una mujer católica y practicante (si es que esto es posible), un día recibe la visita de cuatro miembros de una reserva indígena. Como es sabido, las reservas están pensadas para que los indígenas no las abandonen, del mismo modo que el Zoo de Sydney mantiene en cautiverio a las panteras negras para que no jodan y se reproduzcan en paz. De modo que a nuestro amigo le resulta un tanto inquietante esta visita. Abre la puerta. Ellos se sientan, demostrando que no esta en sus planes abandonar la casa. Son cuatro, pero se reducen a uno solo; el que habla inglés. Tienen (tiene) algo importante que decir: el mundo se aproxima a su fin. La naturaleza dará algunos adelantos del evento, y finalmente, una gran ola arrasará con todo. El antropólogo—mejor dicho, nuestro antropólogo, nuestro amigo, porque nos identificamos instintivamente con él—no se ríe porque respeta o ha aprendido a respetar esa cultura. Su mujer no se ríe porque tiene miedo (¿de que se queden a dormir?.) Los indígenas deciden partir; la dueña de casa se está mostrando hostil y la inminencia del Apocalipsis les despierta prioridades mayores, tal vez la confección de una buena tabla de surf. La mujer, en su ferviente catolicismo, creencia que íntimamente comparte su marido, no puede aceptar las creencias de unos salvajes, en fin de cuentas dios no pudo haber brindado un dato tan importante a ellos, una pequeña tribu perdida en el enorme desierto australiano. Si tal información la hubiesen revelado los musulmanes, por dar un ejemplo, se podría haber considerado (quizás porque se levantaría la sospecha que ellos mismos serían los agentes del desastre.)  Pero esto era diferente. Esa tribu semidesnuda no le puede hacer daño a la humanidad, y es posible que su misma carencia de ropas sea la elocuente manifestación de esa impotencia. Un dios verdadero no puede tener tan poco raiting, desearía ser escuchado por muchos. Cierto que en La Biblia encontramos la historia de Noé y de la torre de Babel, en las cuales dios se toma revancha porque nadie lo escucha. Pero eso es el Antiguo Testamento, y este matrimonio es cristiano. ¿Y si es al revés? ¿Y si estos negros quieren inducir a dios para que termine con todo de la misma manera que algunos cristianos buscan torcer la voluntad divina para conseguir trabajo?  Imposible, El no va a llevarle el apunte a una comunidad numéricamente tan pobre y espiritualmente tan primitiva.
            Estas especulaciones son mías y  no están en la mente del creador—en este caso, el guionista--. La cosa es que los aborígenes se retiran y estamos en el minuto 10 de la película. El resto es un bodrio en el que uno espera—y desea—el cumplimiento de la profecía. Como el largo—larguísimo—es desesperadamente obvio, no nos sorprende en absoluto que se cumpla el vaticinio puntualmente como lo han referido los negros. La lección: la verdad no es una cuestión estadística. La mentira que sostienen millones no se sanciona como verdad por el mero hecho del número. O, en otras palabras, no es verdad aquello de “cuando todo el mundo se equivoca todo el mundo tiene razón”
            Lamentablemente, los australianos no solo hacen películas malas—y estoy hablando de loa australianos que hacen y miran películas y no de los que hacen flechas--. Quizás el lector recuerde que hace escasos años se dio un fenómeno meteorológico conocido como el niño, por el cual en distintas partes del globo se dieron hechos asombrosos; por ejemplo llueve demasiado en el desierto; por ejemplo en el australiano. Al estudiarse esta aberración climática se concluyó que el fenómeno era viejo como la lluvia, y que se repetía cada aproximadamente 40 años. Los aborígenes australianos lo sabían pero a casi nadie se le ocurrió consultarlos y los que lo hacían planteaban mal las preguntas o eran inadecuadas.  Ciertas plantas indígenas, tan indígenas como quienes las comen, reciben un régimen de agua con un período de 40 años, y los canguros aceleran su proceso reproductivo bajo circunstancias especiales, demostrando que la evolución de la especie ha contemplado la posibilidad de estas lluvias. (Con preguntas bien formuladas hasta los canguros hubieran respondido de ellas.) Al final los expertos se avinieron a escuchar a las tribus y cosecharon una información invaluable para confirmar sus teorías. El niño no era un hecho aislado, una manifestación del calentamiento global, ni el presagio del fin del mundo.
            Entre las características que nos define como humanos está la capacidad de elegir. Los australianos durante el siglo XIX eligieron parecerse a Europa o a EEUU. El dilatado desierto los avergonzaba. La singularidad de su flora y de su fauna era un escarmiento divino. Se llegó a admirar cualquier especie exótica; osos del polo, cucarachas de Honduras, pumas de Argentina. Esto no es tan loco si tenemos en cuenta que para cualquiera lo único que no es exótico es lo autóctono. Los marsupiales son exóticos para el resto del mundo, no para los australianos. Ellos consideran que el resto del mundo es exótico. Y podemos afirmar que para un australiano el resto del mundo es más exótico que para usted o para mi, y que en el XIX esa verdad era aún mayor. Ya antes se introdujo el perro y el gato que alteraron la cadena alimenticia y llevaron a la extinción a muchas especies.167
            Después de la segunda guerra mundial, acaso como consecuencia de la victoria o acaso como coartada ante la expansión del negocio del turismo, los australianos empezaron a valorar su fauna y su flora. No obstante, aún guardaban esa inclinación por lo que ellos consideran exótico. Los australianos capitalizaron muy bien esa pandemia llamada turismo, pero como no podía ser de otra manera, ellos también salieron a ver mundo. Conocer otros lugares se transformó en una moda mundial, y la mejor manera de demostrar que uno estaba a la moda era traerse algún recuerdo de los lugares visitados. Así, al mismo tiempo que se empezaba a valorar la vida silvestre local, se la contaminaba con especies de otras regiones, que eran llevadas hasta Oceanía con el deliberado propósito de demostrar que se valoraba la fauna de otros continentes.
            Unos granjeros del norte de Australia retornaron con sapos hawaianos. Nadie se los vendió. Simplemente salieron de excursión por Hawai y dieron con un simpático anfibio cuya característica distintiva era una variedad inusitada de colores en el lomo. Tan lindos eran que, al momento de volver, se decidieron a cargar con una docena. Según parece a estos hermosos sapos no les iba la vida en la granja, y tres o cuatro decidieron ir a conocer el interior de la isla-continente.
            Si entre las características que nos definen como humanos está la capacidad de elegir, la capacidad de elegir lo que comemos está entre las más importantes. La evolución y la supervivencia de nuestra especie se debe a eso. Cuando nuestros ancestros no disponían de las cosas que habitualmente se llevaban al estómago, cambiaban la dieta y listo. Un sapo no puede hacer eso, por más inteligente que sea. Siempre prefieren las moscas. Y para ver a nuestros ancestros no hace falta viajar en el tiempo, sino en el espacio; al interior del continente australiano. Allí se vive igual que hace un millón de años. Allí todavía hoy se altera la dieta cuando el inclemente desierto  obliga. Para saber si un sapo es rico sólo hay que abrir la boca.
            Los científicos se ocuparon de este raro bicho hawaiano. Los granjeros del norte, ignorándolo completamente, habían hecho un aporte sin par a la taxonomía, que es el arte-ciencia de clasificar a las especies. Ni siquiera en Hawai había testimonio de la existencia de ese sapo, y hasta se hubiera creído australiano de no ser por la sinceridad de los granjeros y de los indígenas, que hablaban con el cuerpo (morían como moscas.)
            ¡No, no! No es que los sapos se comieran a los indígenas. Todos esos colores hermosos que adornan el lomo de los anfibios, lindos como los tatuajes que adornan el lomo de los indígenas, son veneno mortal. Afortunadamente los aborígenes tuvieron la ancestral estrategia de cambiar la dieta ante la fuerza de los hechos.



* En realidad, lo realmente sorprendente sería que Sócrates no deliberara.
** Robert L. Stevenson vivió sus últimos años en una de las islas del archipiélago de Samoa, en el Pacífico sur. Es hora de que esa porción de tierra lleve su nombre.
164 Hay una hermosa conjetura que dice así: atendiendo a la gracia del dios que les había procurado esa tierra luego de tantos pesares y cuando ya la esperanza era poca, durante muchos años realizaron esos viajes con destino incierto con el exclusivo fin de la ofrenda a la divinidad. Un sacrificio para la buena suerte y la prosperidad de todos. Pero, independientemente de la suerte del argonauta, y aunque suene raro, lo que se ofrecía en sacrificio no era una vida sino una canoa.
165 Este es un buen ejemplo que refuta la difundida teoría del siglo XIX, y que aún hoy algunos sostienen, según la cual el desarrollo de una cultura está en relación directa con las influencias extranjeras. Por otra parte, eso quizás hable más de la riqueza cultural de un pueblo y no de su desarrollo.
166 Hay hechos parecidos bien documentados históricamente. Por ejemplo; en la Rusia pos revolucionaria se generó gran polémica por la cantidad de tierras reservadas al grano que da el vodka con claro perjuicio de cereales nutritivos. Hoy en día en Yemen, hay una hoja indígena llamada Qad, que es una especie de marihuana sumamente popular que nadie deja de consumir y cuyo cultivo acapara la mayor parte de las tierras fértiles de ese pequeño y poco fértil país. En ambos casos prevalece la idea de mantener al pueblo estupidizado. Algo similar se podría decir de Bolivia y el asunto de la coca, aunque no tanto: la coca da excelentes dividendos. (El caso ruso es conocido. En cuanto a Yemen pueden ampliar en el número de abril de 2000 de National Geographic.)
167 Quizás el caso más emblemático en este sentido se dio en otra isla; Madagascar. El dodó, una especie de paloma enorme, no volaba y era tan lenta y estúpida como su tamaño. O sea, estaba perfectamente adaptado a su medio. O, en otras palabras, para adaptarse a Madagascar basta con ser medio estúpido. A falta de enemigos naturales, el dodó se convirtió en la cima de la cadena alimenticia. Del otro lado del Canal de Mozambique ese privilegio le correspondía al león. De este lado bastaba con ser poco sagaz e inteligente. Pero un día llegó el animal más veloz, voraz, insaciable e insensible: el cerdo, que acabó con el dodó en menos que canta un gallo (o un dodó.)(¿)... Durante mucho tiempo se tomó el caso como expresión de la crueldad de nuestra especie sin mediar ningún tipo de dudas al respecto. Cuando leí sobre esto tendría que haber anotado el nombre del experto que demostró de manera categórica que la culpa es del chancho. Se merece un monumento por exculpar a la raza humana de un hecho tan lamentable. Y eso incluye a los granjeros europeos que llevaron el cerdo hasta la isla. ¿Pero porqué alguien estaría tan interesado en llevar consigo a los cerdos en un viaje tan largo? ¡Porque nuestra especie sólo cambia la dieta bajo condiciones extremas! Si hubieran probado la carne del dodó, hoy el dodó estaría vivo. (Me remito a El animal más feliz de La tierra, Pág. 18.)

Tres ejemplos

Tres ejemplos.

En Mirando un árbol atentamente me ocupé de las diferentes definiciones que puede tener un mismo término para diferentes personas (árbol, perro, casa, baño, etc.) Ahora agrego algunos ejemplos que son un poco menos brillantes, por cierto, pero que también son ciertamente hechos reales.
            Le pregunté a un pibe por los canales de Marte. Me respondió que no tenía cable. Ejemplo de error por ignorancia.
            Mi madre me contó que a mi prima el maestro le pidió que dibujase un pollo, y mi prima dibujó un pollo al plato. (Yo no me reí de la anécdota. Yo también había pensado en un pollo al plato.) Ejemplo de error por diferencia cultural.
            En un noticiero se le pregunta a un tipo si hay seguridad para pasear por un parque de Buenos Aires. Responde; “No tenemos plata para pagarnos una [seguridad]” Parece que para mucha gente seguridad es una gorra con una chapa en el medio; inseguridad, una patota. Pero la verdadera seguridad es la mayor soledad en el mayor de los parques. (No faltará quien piense que hablo de un cantry.) Ejemplo de error por idiotismo.

Té

Té


            Pedro va a la casa de Bruno. No va por placer, va simplemente porque ya habían quedado así. Antes de salir de su casa, Pedro había recibido una llamada de Javier. Javier pretendía ver a Pedro, pero Pedro ya había quedado con Bruno, y no queriendo faltar a la palabra se dirigió a la casa de Bruno-_ Aunque prefería ver a Javier.
            Bruno recibe a Pedro. No le abre la puerta por placer, sino simplemente porque ya habían quedado así. Por la mañana, Bruno había recibido una llamada de Pedro. Pedro quería hablar con Bruno. Ese día, por la tarde, Bruno había recibido una llamada de Javier. Javier pretendía ver a Bruno. Pero Bruno ya había quedado con Pedro, y no queriendo faltar a la palabra esperó su llegada.

Javier se queda solo, aunque todos querían ver a Javier.

            Pedro habla. No tiene ganas, pero habla. No hablar sería falta de cortesía.
             Bruno escucha. No tiene ganas, pero escucha. No escuchar sería falta de cortesía.
            Bruno lo invita con un té. No tiene ganas de hacer té, pero no invitarlo con algo sería falta de cortesía.
            Pedro acepta la invitación. No tiene ganas de tomar té, pero no aceptar sería falta de cortesía.

Javier se queda solo, se queda pensando que faltar a la palabra no es un acto inmoral, es simplemente falta de cortesía.


Stockhausen y las torres gemelas

Stockhausen y las torres gemelas.

 Karlheins Stockhausen  se manifestó de esta manera días después de la caída de las torres gemelas: “Es la obra de arte más grandiosa de la historia” Y agregaba; “ Preparar la obra con tanto ajuste y morir en su ejecución para brindar un espectáculo de esa magnitud la hacen única”.La imprudencia de hablar así cuando aún había gente respirando bajo los escombros condenó al desafortunado aserto.

Tengo la siguiente interpretación de los hechos del 11 de septiembre.
            Los idealistas  decían lo siguiente: Nadie puede detener el espíritu humano. Siempre necesitaremos de las torres de Babel. La puja es entre Dios y nuestro orgullo y la historia demuestra que siempre ganó nuestro orgullo.
            Los racionalistas contestaban: Los rascacielos descomunales no son necesarios. Si fuesen necesarios serían comunes y no descomunales. Tampoco, se deja ver, son seguros. El deseo de seguir subiendo es irracional. Al menos desde que se inventó el avión.
            Lo que no dijeron los racionalistas lo completo yo. La puja no es entre Dios y el orgullo humano. La puja es entre la aviación y los rascacielos. Ambos nacen juntos en la primera década del siglo veinte. (El edificio Flatiron de  Nueva York es de 1902 y la aviación comenzó a volar en 1903) Crecen desmesuradamente a lo largo del siglo. Teniendo el mismo objetivo (el cielo) alguno tenía que perder. Y perdió el rascacielos, que después de todo no nos lleva a ningún lado, y eso lo convierte  automáticamente en innecesario.
            Lo que no respondieron los idealistas lo completo yo. Los rascacielos son necesarios en la misma medida en que lo es el arte. De hecho le estaríamos quitando al arte arquitectónico una de las dimensiones del arte; lo sublime. El hecho de que no nos lleve a ninguna parte solo habla de su inutilidad y no de su necesidad. En esta época en la cual se mide todo según su utilidad el arte no debe medirse con los mismos patrones.
            En el planteo tienen razón los racionalistas. Los idealistas no suelen sentirse obligados por los hechos. A veces es necesario recordarles que en los edificios viven seres humanos. En cuanto a la mirada estética tienen razón los idealistas. Los racionalistas no se sienten obligados con aquello que está más allá de lo inmediato. A veces hay que recordarles que los rascacielos no solo están hechos para que la gente viva en ellos.
 Lo que quiero decir es que el  pensamiento estético no se tiene que desarrollar en el territorio de lo cotidiano, más exactamente de lo obvio. Se tiene que desarrollar en el territorio del arte, de lo inesperado, de lo sorprendente. La estética no debe ser confundida con la ética.  Karlheins Stockhausen lo sabe perfectamente. Es un artista y un esteta. No un loco. A los pocos días de aquella manifestación Stockhausen se retractó. Nadie le creyó. Yo tampoco. Ahora los invito a indagar cuales podrían ser  las razones que motivaron aquella frase escandalosa, que según mi criterio y según se verá, expresa aquello que no dijeron los racionalistas y los idealistas.
Adhiero a la exitosa sentencia de Gadamer, “hoy el arte es una tarea para el pensamiento”10El conflicto que describí entre la aviación y los rascacielos deja en claro mi adherencia. Pero por supuesto que no es la única interpretación del asunto. Ya en esos días el señor Mariano Grondona, sin ocultar su fascinación, hizo una que podríamos llamarla de David y Goliat. Decía que las torres habían caído victimas de un cuchillo (refiriéndose a los cuchillos que habrían utilizado los terroristas para someter al pasaje del avión.) Incluso llegó a manifestar indirectamente un deseo al barajar la posibilidad de que los cuchillos fueses de utilería, o sea, de plástico. Otra interpretación la deslizó un columnista de La Nación de quien no supe apreciar su nombre en su momento. Decía que la caída del Centro mundial de comercio hablaba claramente de la caída de la globalización y del inicio de otra época.
Pero una obra de arte no es solo interpretación. El músico alemán nos mostró algo de su pensamiento en la frase que abre esta nota. El ideal de arte contemporáneo que promueve es  de integración  de público y artistas. Aquel que presencia una obra de arte no es simplemente un espectador, participa de la obra.
Otra cosa que dejan ver esas pocas palabras es lo siguiente. La obra es efímera pero su organización en muy prolongada. Históricamente, al menos desde la ilustración, la obra de arte es ejecutada (en términos comparativos) casi de una sentada y guardada eternamente en un museo. Stockhausen estaría planteando la inversión de los valores. La muerte de la obra. La condensación del impacto que supone una obra de arte a escala histórica en un solo acto y en un solo momento. Y eso requiere una cuidadosa elaboración previa. La obra nunca descansará en un museo porque la tecnología no solo reproduce la obra sinó que la hace perdurar indefinidamente. La intensidad que supone este museo virtual (porque es eso) es infinitamente menor al momento de la interpretación, pero la tecnología salva a la obra de tener que vivir anclada a un respirador artificial por el resto de sus días.
.Cuando hablo de intensidad me refiero a que tiene todos los condimentos de la muerte, su belleza, su fuerza de choque. (Antes de insultarme sepa que esto lo dijo Valery) Porque la intensidad (y esto lo digo yo) no es una característica muy frecuente en la actualidad. Uno puede imaginar la sorpresa y el susto de los primeros hombres que vieron un tranvía. Pero en esta época de intenso ruido el arte tiene que hacerse oír.
            Usted me dirá que ese horror no fue concebido como obra de arte.  ¿Acaso fueron concebidas como obras de arte la venus de la edad de piedra o las catedrales góticas? Usted me puede retrucar que hoy occidente tiene otra concepción del arte actual   pero los musulmanes no son occidentales  De igual manera consideramos arte a la estatuaria malaya de hoy.  Si usted no está de acuerdo conmigo, tampoco sea hipócrita.
No quiero olvidar que Stockhausen es músico. A trabajado muchas veces con aparatos voladores y sirenas pues piensa que todo sonido es música.
El azar (un tópico del arte moderno) juega un papel fundamental en la filmación del evento. No hace falta decir que los documentales que mejor tratan el tema han ganado sendos premios que los habilitan como obras de arte.
Por último, si usted se indigna por todo lo que acabo de decir, recuerde que Stockhausen jamás llamaría obra de arte a los atentados de Madrid. Yo tampoco. Eso es estéticamente horroroso.




10 En La actualidad de lo bello.

Sobre Eso Que Llaman Rock Nacional

Sobre Eso Que Llaman Rock Nacional

Alguna vez quise escribir in extenso sobre la música popular moderna, y en especial sobre las letras,  pero eso de andar analizando material de tipos que en el mejor de los casos no dejan de ser casos mediocres, me inhibió bastante. El estímulo lo sigo encontrando en la misma popularidad de mucho de sus cultores. Digamos que le veo el lado sociológico al tema. Como no me gusta dejar tinta en el tintero me voy a despachar con algunas apreciaciones un tanto desordenadas sobre eso que llaman rock nacional. Y una aclaración: Rock Nacional no hace referencia a grandes músicos- que los tenemos- ni a raros ejemplos. Esas dos palabras remiten a la idea que de nuestro rock tiene... Radio La Mega.
 
Charly o La viveza criolla.

Cuando Cortazar – Julio Cortazar, porque tiene nombre propio –  decía que en Argentina hay más escritores que libros no hablaba de los escritores: hablaba de la Argentina. El fenómeno se da en todos los terrenos. En nuestro país hay más héroes que logros, más premios que méritos y más músicos que música. Podemos afirmar que el problema es aritmético. Y la necesaria consecuencia de esto es que hay una sobrevaloración de muchos individuos que mejor sería pasar por alto, como a Carlos García, ese que llaman Charly.
Charly – me rindo – tiene un prestigio que merece ser estudiado. Y para no herrar el blanco es necesario abrir los oídos a sus fans, entre quienes no abundan los músicos.
En primer lugar esa cosecha parece descansar en el instrumentista. Charly – dicen – toca muchos instrumentos. El problema es que los toca a  todos mal.
2) De los instrumentos que toca los que más frecuenta son la guitarra y el piano. Carlos toca la guitarra como si fuera derecho, pero es zurdo. Se sabe que hay tres salidas para los zurdos: O tocan con una guitarra para zurdos, lo cual exige dedicación exclusiva al instrumento, dado que alguien que toca todo lo que encuentra no va a andar con sutilezas cuando de ejecutar se trata; O invierten las cuerdas de una guitarra para diestros, como hacia Hendrix; O se hacen diestros, como es el caso de Herman Li y de Charly García. (Y perdón por la odiosa comparación.) La performance del argentino con las seis cuerdas es lamentable, y es lógico que haya elegido esta última modalidad para no perderse la oportunidad de visitar el instrumento ahí donde lo encuentre. Lo revelador es que nuestro músico solo encuentra la guitarra en temas como Pasajera en trance, que es de una facilidad alarmante.  
Con el piano pasa algo parecido. Los instrumentos de teclado son diestros por excelencia. El peso de la ejecución esta en la derecha, que maneja los agudos. Y con estos dientes expuestos no hay inversión que valga.* Total: Charly es un tecladista cuatro puntos, y estoy tratando de ser generoso.
3) Afirman que Charly tiene formación clásica. Bueno, eso no dice nada. Lo he escuchado repetidas veces mencionar raras escalas para darse dique y alimentar su fama, puntualmente la escala mixolidia. Claro que eso es para la tribuna porque las escalas, contando las que son raras y hasta rarísimas, ¡son solo (10) diez! De lectura de música mejor no hablemos.
4) Es improbable la capacidad de Charly con la quena o con la tuba.  Démosle una oportunidad a sus admiradores.
5) Es sabido: el bigotudo tiene oído absoluto. Esto consiste en poder precisar una nota con solo escucharla una vez. Es una habilidad más del circo que de la música. Entre los seres vivos el humano es de los que tiene el oído menos desarrollado. Si por el oído absoluto fuese las ratas serían mejores músicos que Hamelín. Esta habilidad acercaría  a Charly más a los zorros (o a los burros) que a los Wagner.


Es conocido el empeño puesto por el artista en trascender las fronteras. Su único registro “importante” en la televisión de los Estados Unidos fue durante la Guerra de Malvinas. Se dejó filmar dócilmente en Plaza de Mayo. En el mismo es presentado como una rareza y la conducta  de Charly ante las cámaras es de una corrección ejemplar. Habla casi como pidiendo permiso... permiso para entrar en el primer mundo. Porque si acá le conviene ser un loco (ser auténtico) allá es preferible hacer un esfuerzo para no pasar por ser subdesarrollado incluso en los modos.  Hacia el año noventa filmó de apuro el video de Fanky en Nueva York (tema que también cantó en ingles.) El grasoso video tiene en una de sus imágenes la marquesina del teatro que presenta a Charly en la gran manzana. Lo reducido del recinto es evidente. Se ve que no le resultó fácil ni siquiera convocar a la proletaria población latina del lugar. Total: Charly es un músico de cabotaje, y es prácticamente desconocido incluso en Latinoamérica, salvo en el Uruguay y en Chile, donde entró tarde y fugazmente. Se le hizo fama de que es nuestro músico por excelencia, haciendo de ese defecto una virtud.
Otra de las razones del culto que se le presta a esta persona está en su forma de venderse. El Programa TVR reprodujo más de una vez ese archivo donde él explica con admirable sinceridad que el se pasó años diciendo “soy un genio”, y que “al final lo terminaron por creer”. Otra de las razones que se cultiva está en la posición política que asumió en el afortunado momento histórico que le tocó vivir. Cuando ese afortunado momento histórico se terminó se empezó “a repetir a sí mismo”, como le dijo el periodista Jorge Lanata en su programa Día D.-, para indignación del cantautor. **
Sin embargo, este músico que se dejó crecer los bigotes – cosa rara en el ambiente—y que se los pintó de dos colores para pasar inadvertido—con el tiempo eligió medidas más radicales como tirarse por una ventana o cantar sin acertar un solo tono, amparado en su oído absoluto—, este músico – cuyos fans celebran el haber concurrido a cualquier recital que el artista no dio, o dio en sus peores formas—este músico,  si tiene algo de bueno, es que no deja de ser un músico, a pesar de él mismo y de todas sus limitaciones.
Pero lo peor que le podía pasar al artista es tener un biógrafo como Mariano del Mazo, que escribió un libro intitulado Charly Garcia.  En él se da la siguiente interpretación del clásico Yo no quiero volverme tan loco: la letra remitiría a un nihilismo militante, un deseo de evasión. Mariano del Mazo nunca destacó como crítico literario y según parece pensó que con el conocimiento de la música de Charly y un dedicado cholulismo podía encarar tarea tan ajena a su labor (Mariano del mazo es periodista y escritor, verbigracia Cortazar.) No siendo satisfactoria su incursión en el análisis de textos me veo en la obligación de hacer, mal que  me pese, la defensa de Charly. Primero les tiro la letra así lo van pensando.


            Yo no quiero volverme tan loco
Yo no quiero vestirme de rojo
Yo no quiero morir en el mundo de hoy
Yo no quiero ya verte tan triste
Yo no quiero saber lo que hiciste
Yo no quiero esta pena en mi corazón

Escucho el bitch de un tambor entre la desolación
De una radio en una calle desierta
Están las puertas cerradas y las ventanas también
¿no será que nuestra gente está muerta?
Presiento el fin de un amor, en la era del color
la televisión está en la vidriera
Toda esa gente parada que tiene grasa en la piel
No se entera ni que el mundo da vueltas.

Yo no quiero meterme en problemas
Yo no quiero asuntos que queman
Yo tan solo les digo que es un bajón

Yo no quiero sembrar la anarquía
Yo no quiero vivir como digan
Tengo algo que late en mi corazón

Escucho un tango y un rock
Y presiento que soy yo
Quien quisiera ver al mundo de fiesta
Veo  tantas chicas gastadas y tantos tontos que al fin
Yo no sé si vivir tanto les cuesta

Yo quiero ver muchos más delirantes por ahí
Y vagando en una calle cualquiera
En Buenos Aires se ve que ya no hay tiempo de más
La alegría no es solo brasilera

Yo no quiero vivir paranoico
Yo no quiero ver chicos con odio
Yo no quiero vivir esta depresión.
Voy buscando el placer de estar vivo
No me importa si soy un bandido
Voy pateando basura en el callejón

Yo no quiero volverme tan loco

Lo de Mariano no es una interpretación. Las interpretaciones son producto de lo que exige algún esfuerzo. Acá las cosas están claras. En ese disco (yendo de la cama al living) la mitad de los temas están basados en ironías. Recuerdo un reportaje que le hiciera a Charly un periodista que bien pudo haber sido Mariano del Mazo.
Periodista — (Sin ningún tipo de ironía) ¿A qué se debe que sea tan dinámico el disco? ¿A qué se debe eso de ir de la cama al living?
Charly — (Mirándolo absorto.) No es dinámica, es estática. Ir de la cama al living es ir a ningún lado.
            Otro de los consagrados temas del disco (No bombardeen Buenos Aires) es una ironía abierta desde el titulo, e incluso llega a reclamar que “no bombardeen Barrio Norte”, en plena Guerra de Malvinas. (Nota: García vive en Santa Fe y Coronel Díaz.)
En la canción que nos convoca la ironía es casi un sarcasmo. Es una composición dialogada en la que hay dos voces que alternan. La primera es la que integran los versos que comienzan con “yo no quiero…” Es el conocido “no te metás”, el “yo miro para el otro lado”, “hago la del avestruz”, en fin, “no me comprometo”. La otra parte es el grito desesperado que no tiene eco. Es la respuesta a la otra porción de la letra. No por nada la primera parte es cantada en vos baja, y con tono explícitamente irónico en la versión de Charly con León Gieco. La ironía era el medio que se tenía en aquella época de expresar lo que se silenciaba. Si se recibe la canción sin percibir la ironía es seguro que parece lo más cercano a un himno del Proceso de Reorganización Nacional. Nuestro amigo Mariano del Mazo tomo ese “yo no quiero vestirme de rojo” y los otros “yo no quiero” que hablan del terrorismo de izquierda, de la inacción, de la falta de compromiso, como si se tratara de un nihilista de los noventa, probablemente porque intuyó que una defensa abierta de los milicos por parte del músico era imposible. Pero no fue honesto intelectualmente, porque es mucho más difícil suponerlo a Charly un nihilista antes que un defensor de los militares.
            ¡La puta!, de tanto agredir al periodista terminé por defender a Charly. Bueno, quizás no sea tan malo.

PIPO Cipolatti  (Un caso para la sociología.)
Pipo Cipolatti es amigo de Charly. Pero tengo para mí  que Charly es el amigo de Pipo. Se acercan en la inmadurez y en la falta de cordura. No obstante, si algo los aleja es la capacidad para escribir letras ponzoñosas y subversivas. Para eso no hay como Pipo.
Letras como Pensé que se trataba de cieguitos o Invasión que con ironía hablaban de la represión, el secuestro o la venida del Papa y otros percances que padecimos en la última dictadura, ya son un clásico. Eran ironías cristalinas, fáciles para todo argentino, con música alegre, acorde con los tiempos que corrían y que se recuerdan como “primavera democrática”. Su simpleza se mezclaba con algunas imágenes memorables. Después vinieron años de zozobra. Si en  El primero te lo regalan adiestraba a los niños para que no concurran al la escuela porque en la puerta les venden falopa (con el estribillo intimista más falsamente moral que se ha escuchado) y les terminaba aconsejando que en vez de comprar se dediquen a vender, en El estudiante o Cigarrillo se torna un ortiva  total: casi como poniéndose en sintonía con sus programas televisivos para niños. 
No obstante, lo mejor de Pipo no viene por el lado de la música sino de la tele. No debe haber nadie en el mundo que haya hecho posible semejante trasgresión. En los años ochenta hizo famoso un latiguillo que repetía mil veces y que hizo escuela. Le enseñaba a los niños, pizarrón de por medio, los principios elementales de la composición. Comenzaba y terminaba diciendo el origen griego de la palabra pentagrama: “penta, cinco; gramas, líneas”. Pero invariablemente Pipo distorsionaba una letra y decía “gramos” en lugar de “gramas”. O sea: cinco de penta (pegamento) y gramos de línea (merca.) Los chicos, que estaban en el estudio y se divertían mucho con sus “ocurrencias”, eran invitados a pedir “a tu quiosquero amigo un poco de pasta” o a “ayudar a mamá con la pala, que es muy rica”. Con el tiempo Pipo se fue de la tele. Añadió más drogas a su vida, prácticamente dejó la música, y finalmente dejó embarazada a una pobre mujer en estado de locura. Pero donde hubo fuego cenizas quedan, y un día pipo volvió a su viejo amor: la televisión.¿Quién fue el iconoclasta que le abrió las puertas de canal siete? Este regreso de Cippolatti fue dramático e incluye la pelea legal y mediática con su mujer y el posterior suicidio de la golfa luego de haber parido mellizos, a los cuales Pipo se encargó de abandonar. Pero, además de dramático, este regreso fue triunfal. (Que dios me perdone, pero nunca me he reído tanto en mi vida.) El músico, o lo que quedaba de él, además de volver a recurrir a sus viejos chistes, amenazaba a los niños que no se portaban bien en el estudio, les decía que cuiden a sus madres, declaraba su ostensible incomodidad entre las inocentes víctimas y, señalando a la cámara, les advertía repetidas veces a los televidentes menores que se cuidaran porque él sabía donde vivían.
¿Cómo pudo toda esta “gracia” pasar por el filtro del canal estatal y llegar a todo el país? Nadie se escandalizó seriamente porque la gente “sería” no entiende el lenguaje de Pipo. Eso sí, se escandalizan enormemente cuando un Escotado sale a decir esas inocentes cosas sobre legitimar el uso de las drogas.4
Los enanitos Verdes.
Si las letras de los Redonditos de Ricota son crípticas, las de los Enanitos Verdes son claras e infinitamente estúpidas. Presten atención a esta porquería, que deja muy serias dudas sobre el oligofrénico con facha de intelectual que las canta. El tema es muy popular y es probable que pueda prescindir de su lectura. Pero más probable es que jamás se haya detenido a pensar en… en vaya a saber uno qué. La fría letra, haciendo abstracción de la fea música, nos da como resultado un diagnóstico inapelable.

Yo te ví en un tren
Preocupada demás
Quise ayudarte
Y ya no estabas más.

Me colgué del vagón
Que ya empezaba a correr
Entusiasmado como la primera vez.

Estribillo:
Y al fin te encontré
Y al fin te encontré
Y no supe ni siquiera decir “hola”

Intenté conversar
Preguntarte la edad
Como te llamabas
En que estación pensabas bajar

Y no supe que decir
Me engañaba al hablar
Alucinado sin ninguna razón

Estribillo:
Yo te vi en un tren
Yo te vi en un tren
Y no supe ni siquiera decir “hola”.

Repite 11 (once) veces:
Yo te vi en un tren.

Sin palabras.***

Pero la música es más fuerte.
(La Mancha de Rolando y Bersuit Vergarabat.)
Sin dudas, la música es más fuerte que la letra. Hay licencia para decir cualquier cosa, como Pipo: nadie te va a escuchar (la letra.) Esto, que reporta todo un beneficio para los picaros, se transforma en un cáncer cuando de gente de bien se trata.  Cuanto más  popular es una letra menor es su comprensión.
No siempre fue así. Hubo un tiempo en que Zitarrosa cantaba “quisiera decir que tengo alegría en lo que doy, pero con mi canto voy más triste de lo que vengo” acompañándose de una música festiva, y todos entendíamos que el yorugua no estaba precisamente alegre. Hoy es diferente. ¿Será por señalamiento de los medios o por la pereza mental de las mayorías o porque a las mayorías no les va eso de que les entreguen demasiado digerida una canción? Marchen dos ejemplos.
La Mancha de Rolando tiene entre sus canciones insignias Arde en la ciudad. Como la canción tiene un ritmo satisfecho, relajado, a menos que a uno se le ocurra detenerse a oir, va a llegar a la conclusión de que se trata de una melodía futbolera. Para evitar este malentendido los músicos decidieron incorporar al final de un difundido video promocional un cartel que decía “este tema esta dedicado a todas las madres que perdieron a sus hijos durante la diputa del mundial de fútbol Argentina 78’”, palabras más palabras menos. Pero el tema se difundió siempre como fondo de todo evento deportivo exitoso para nuestro país, especialmente en la televisión. Como la letra comienza diciendo “Tu equipo volvió a ganar, te prendieron mil bengalas, la banda grita….” a nadie se le ocurre un esfuerzo para desenterrar la crítica despiadada a las mayorías que se sigue de toda la canción, que es una crítica dicha sin ningún tipo de ironía, de forma directa.
Algo parecido se da con La argentinidad al palo, tema de Bersuit Vergarabat, que según me dicen fue escrita por Jorge Lanata. Es una enumeración, un tanto umbilical, de los defectos nacionales, de los antihéroes locales, y de las vivezas criollas. Como el tono general es más laudatorio que el Ila Ila Ile de Xuxa, los músicos decidiero ponerle al disco que incluye este tema “La argentinidad al palo (se es lo que se es)”  Lo que va entre paréntesis fue adicionado a último momento en atención, estoy seguro, a la bienvenida acrítica y aprobatoria por parte del público. Así, el “yo argentino”, que es epílogo de la canción y que alude al “no me meto en nada” “no es problema mío”, se transforma en la afirmación de la propia nacionalidad (se es lo que se es.)5
Sin embargo, no doy mi veredicto ante estas prácticas. Llamo la atención sobre un interesante material de estudio que está cotidianamente ante nuestros oídos y que puede revelar la forma en que asimilan – u omiten—los nuevas generaciones esa cosa que pasó hace ya más de veinticinco años.

Pappo y la libertad
Pappo se murió y sólo se acordaron del guitarrista.
Las letras de Pappo no sólo eran simples y directas. Para ser simple y directo hay que poseer poder de síntesis, y en eso destacaba El Carpo.
Pero hay algo más importante que paradójicamente se olvidó todo el mundo. En los años de Onganía y Lanusse, con el cordobazo aún en la nuca, fue el gran cantante de protesta. ¿Cómo es posible que nadie recordara  Adónde está la libertad (1971) o  Los libres pecan por ser libres (1973) que resumía el credo de muchos silenciados, y que a falta de lírica decía las cosas de una manera que no dejaba lugar a dudas? 
En cuanto a salir del país a Pappo le pasó lo que a todos. Ese comentado—sobre todo por él mismo—recital en el Madison junto a B.B. King es un verso de la peor poesía. El Carpo pisó las tablas del mítico escenario junto con otros músicos exóticos que recolectó el negro durante su gira mundial. Estuvo cinco (5`) minutos tocando y una hora y media (1:30) escuchando a los otros monos del circo. No pudo. Esa es la verdad. Y a mi todavía me da pena verlo a él, alegre, junto a King, como un niño, como era, creyendo en la ficción. Y me da pena porque Pappo fue más que el negro.

   

Calamaro y los ojos de César Pavese
El tema de Andrés se llama Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Llamativamente es el título del último poema de Pavese, que es el prólogo a su suicidio.  Calamaro construye su canción tomando como base este feliz hallazgo del poeta y le adiciona otros “prestamos” y algún verso de su propia cosecha. Todos los versos del argentino están muy por debajo—siempre y cuando nos animemos a una comparación tan desigual—a los versos que en su hora última concibiera el italiano.
Y es que Calamaro es así, de quinta. (Y no solo Calamaro: recordar aquel “Juventud divino tesoro” de Rubén Darío y otras muchas robadas por Luca Podan.)
Es regla, no es excepción en Calamaro. Lo suyo no está mal. Pero al menos se haría buen en clarificar algunas cosas. Hay un endiosamiento de Andrés como letrista, y hay que dar por tierra con estas cosas. Con reconocer en él a un buen baladista ya tenemos suficiente. Y, por favor, ¡Basta de dioses! A ver si todavía agregan que vino la muerte de César Pavese y tuvo los ojos de Calamaro.2

                                                                                                          Octubre 2oo8





* Sería interesante saber porqué no hay teclados para zurdos. Intuyo que la respuesta debe estar más en la sociología que en la música.
** La reflexión no es impertinente. Lanata siempre repite que su mejor amigo es Fito Páez. La reflexión seguramente es de Fito, quien fue tecladista de Charly. El autor de Promesas sobre el bidet se lo hace notar a Lanata  (“te parecés a Fito” le indica.)
4 Con Pipo pasa como con el gordo Casero, que vivió haciendo televisión tomando el chiste racista – especialmente contra los bolitas—como base de su humor, que declara amar a Sarmiento  porque evitó que nuestro país termine siendo un país indígena y otras cosas por el estilo. Pero la gente “seria” no se ríe con el gordo, como sí me río yo. Lo realmente importante es saber cual es el segmento de la sociedad que mira un programa o escucha una música para saber si algo incurre en trasgresión. Por ejemplo: no hay ninguna trasgresión en la cumbia villera. Pero con Pipo es diferente.
***  Palito Ortega y tantos otros músicos de los setenta, por dar un caso, son estigmatizados permanentemente como el sumun de la idiotez melódica, no obstante ser un veredicto falso desde todo punto de vista. Sus letras y su música, como la de Leo Dan o Sandro,  son más atractivas y elaboradas que las de estos Enanos o la de otras agrupaciones que aparecieron con el retorno de la democracia, como G.I.T. – escuchad Oh mi amor—o Zas – me corto las orejas.  El problema no está en que sean letras estúpidas, sino que, sin dejar de serlo, son cantadas con una seriedad pasmosa, con el grito atrevido del Rock and Roll. Palito y su trova eran más sinceros. Eran ridículos desde el Do hasta el Si, y no querían parecer lo que no eran. Por supuesto que todo esto tiene una explicación sociológica – después de tanta represión hubo un destape de idiotez incontenible—. Pero mientras Soda (léase, Cerati) hacia lo que se debía hacer, lo contrario que los Enanos porque tenían toda la apariencia de frívolos pero con letras que leídas detenidamente no son para cualquiera, los otros se la pasaban confundiendo relajamiento social con relajamiento mental.
5 El “yo argentino” se asocia ya inextricablemente a los años de la última dictadura. No obstante tener una historia más antigua. La oración se hizo popular cuando la aristocracia argentina vagaba por Europa en tiempos de las vacas gordas y al inicio de la primera guerra mundial. “Yo argentino” era “yo no soy beligerante y no me meto”, o sea: “yo no soy europeo, aunque lo parezco”.
2 Todos nos equivocamos un poco: lamento el primer verso de la segunda estrofa del poema de Pavese, que aclara “para todos la muerte tiene una mirada”.