domingo, 13 de noviembre de 2016

La paradójica obra de una genia


Hombre ofreciendo dinero a una mujer
La pintura se llama Hombre ofreciendo dinero a una mujer. Era normal en la pintura holandesa del siglo XVII mostrar a un tipo ofreciéndole plata a una prostituta. Sin embargo, la mujer de nuestro cuadro no ejerce el viejo oficio. Las prostitutas de aquella época iban bien vestidas y muy cargadas de ropa, como demandaba el calvinismo imperante. La nuestra es una mujer de la casa.
Una de las interpretaciones más difundidas es que se trataría de un ofrecimiento de matrimonio. En efecto, históricamente la mujer se casaba (y se acostaba) con aquel que le ofrecía (preferentemente a su padre) una cantidad de dinero respetable.
            Este cuadro, que es realmente sugestivo, no lo sería tanto si no fuese obra de una mujer: Judith Leyster. Ser mujer y pintora en el siglo XVII era socialmente menos aceptado que ejercer la prostitución.
            Pero la historia personal de Judith es aleccionadora. Se casó en 1636 con un pintor (un obrero, según los cánones de la época) que trabajaba en el mismo taller: Jan Miense Molenaer. Se sabe que, inmediatamente después de ser desposada, Leyster dejó de pintar, dedicando los siguientes 26 años que le quedaban de vida a cambiar pañales. El que sí siguió pintando, por supuesto, fue su marido, un artista muy inferior a ella.
            El tiempo puso las cosas en su lugar y hoy encontrar en la Web pinturas de Judith y críticas a sus obras es mucho más fácil que hallar algo sobre su marido.  Por eso, quería compartir la siguiente pintura de Miense Molenaser, que me topé casi por casualidad.
 
El sentido del olfato. De la serie Los cinco sentidos
  
No se sabe cuanto le ofreció a Judith para casarse. Pero hoy las pinturas de ella se cotizan muy por encima de las de él. Y la más cara es Hombre ofreciendo dinero a una mujer. El tiempo construye las mejores paradojas.

Sobre el cuadro de ella:
Sobre el cuadro de él:


sábado, 5 de noviembre de 2016

Barbas

             Teresa le explica a su hijo. ¨Papá Noel viaja por los cielos en su trineo. Entra por la chimenea. Tiene barba y una bolsa. Si te portás bien te va a traer un regalo¨.
           Su hijo siempre está soñando cuando aparece Papá Noel. Se despierta y encuentra los regalos. Es mágico. Ella sonríe. Algún día descubrirá la verdad, como ella misma hace tanto.
Sin embargo, Teresa tiene su propia historia. Cree en un dios barbado, que mora en los cielos. Si se porta bien él la va a recompensar.
Si Teresa está soñando, o no, no lo sabemos.

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domingo, 23 de octubre de 2016

Elogio de la censura

        
              Mariano Moreno suele pasar por el defensor de la libertad de prensa en nuestra temprana historia. Sin embargo, cuando traduce el Contrato Social de Rousseau, censura el capítulo que el francés le dedica a la religión. ¿Está bien?

            Moreno no quería ponerse en contra a grandes sectores de la sociedad  que eran muy católicos. ¿Está mal?

            Cuando se hace política se tiende a la censura. Y no es lo mismo hacer política desde el llano que desde las alturas. Sarmiento es un ejemplo ilustrativo. En 1845 lanza el Facundo. Cuando más de 20 años después, en campaña por la presidencia, le ofrecen publicarlo de nuevo, el genial pelado pone una condición: que se censuren un par de capítulos. No quería malquistarse con los sectores alsinistas porteños, aliados en la fórmula presidencial. ¿Estaba loco?

Tanto Moreno como Sarmiento hacían bien. La política es el arte de lo posible, y hay veces en que no se puede decir ciertas cosas.

Estos ejemplos son solo una muestra exigua de algo que se dio y se da permanentemente, acá y en cualquier lado.

Entonces, no siempre está mal la censura. Pensemos en la que se da en estos días. Notará usted que no hay ningún caso de un hombre muerto o maltratado por su mujer. Esto obedece a una decisión conciente desde arriba. Este gobierno, como el anterior, mantiene una política pública—en realidad una política de medios— donde se intenta imponer una conducta masculina favorable hacia las mujeres—si, todas, incluidas Vidal y Cristina, que sacan provecho—. En este contexto, es obvio que de las miles de noticias potenciales que tienen los medios en el escritorio, se van a filtrar algunas para que no lleguen al público. Pero no solo eso, en la campaña se van a inventar noticias, como siempre, se van a exagerar otras, y, por supuesto, también se van a ventilar hechos reales y sumamente repudiables de femicidios. Más aún, en otro orden de cosas, no vamos a ver  programas tipo Mujeres Asesinas, que batían records de audiencia hace 10 años. ¿Y? ¡Y está bien! ¡Está muy bien que así sea! El fin justifica los medios, y los medios (de comunicación) justifican los fines.

Hoy el verdulero, indignado, me dijo que es terrible, que cada vez matan más mujeres. Asentí. No solamente porque es políticamente correcto, sino porque estoy haciendo política. Hay causas que todos deberíamos defender y que no tienen bandera, ni género. Y para defender esas causas necesitamos de cierta censura. Y si alguien me ofreciera publicar estas líneas en un diario, me negaría rotundamente o le cortaría algunas oraciones. De los próceres también se aprende. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Teoremas


No sé de mucha gente que se haya puesto a pensar en la redundancia argumental de ciertos films. Son esas películas que insisten en un punto específico, una y otra vez, pero que al común de los espectadores se les escapa. Es como si a lo largo de la cinta nos estuviesen diciendo algo, solapado, críptico, en voz baja, al oído, que deberíamos analizar: algo que se puede considerar la esencia, el carozo de la película. Y al carozo nadie le quiere entrar porque suele caer mal.
            ¿Qué tienen en común películas tan diferentes como Teorema, de Pasolini y Petróleo sangriento, de Anderson?  Se trata de dos teoremas, que en el caso de la primera está obviamente explicitado ya en el título.

            En matemáticas teorema es toda proposición que partiendo de un supuesto afirma una verdad no evidente por si misma. Digamos que nos toca ponernos a pensar cual es la verdad que no se nos quiere revelar.

            Teorema, nos narra la siguiente historia. Una familia burguesa, aburrida (en los 60 y 70 se suponía que se era muy intelectual suponiendo esto);  decía que, una familia burguesa, aburrida, sexualmente reprimida (en los 60 y 70 se era muy culto afirmando esto); les decía que una familia burguesa, aburrida, sexualmente reprimida, recibe la visita de un tipo, un completo desconocido, un muchacho bello e hipnotizador. El flaco se coge a la empleada, a la madre, a la hija, al padre y, se da a entender, al perro. Luego se va, para siempre. Al igual que en las películas de Buñuel o algunas de Fellini de la misma época, esa ausencia genera culpa, nostalgia, tal vez gratitud. Lo más obvio es que esa ausencia alecciona, les enseña algo. El lugar común del espectador culto es suponer que ese tipo que se fifó a la familia en su integridad es un ángel, o algo así. Puede ser…

            Petróleo sangriento (There will be blood), por el contrario, es un teorema no explicitado. Más allá de las contingencias más obvias de la película, hay cosas que tenemos que pensar. El petrolero es un falso padre, por lo tanto su hijo es un falso hijo. El hermano del petrolero es un falso hermano. El profeta es un falso profeta, y su iglesia es, por lo tanto, una falsa iglesia. La propiedad de la tierra que posee el hermano que se niega a vender su terreno es una falsa propiedad, porque le han chupado todo el petróleo subyacente. Y el traductor del hijo sordomudo es un falso traductor porque al final el pibe se expresa bien sin su ayuda.

            A mi no me interesa ahora marcar cual de las dos películas es mejor (es mejor Petróleo sangriento mil veces). Tampoco es mi intención dar un veredicto sobre la resolución de los teoremas. Eso está en ustedes. (En los 80 y en los 90 estaba muy de moda en la crítica cinematográfica decirle al vidente lo que debía pensar sobre las películas que veía). 

viernes, 14 de octubre de 2016

La teoría de la relatividad en el aula


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La anécdota es muy conocida, aunque debería serlo más aún. Unos periodistas le preguntaron a Einstein si podía explicar la teoría de la relatividad. El científico tomó un lápiz y apuntó ecuaciones varias sobre un papel, tomándose una hora y media. Le pidieron que sea más sencillo. Lo intentó con palabras ¨difíciles¨, dedicándole media hora a sus argumentaciones. Los otros no entendieron nada. Le pidieron que sea aún más sencillo. Einstein lo pensó y explicó que si un tren iba hacia el norte a 20 km por hora y otro se cruzaba en sentido contrario a 40, y bla bla bla… En un minuto había terminado. Los periodistas, agradecidos, le hicieron ver que ¨al final no era tan difícil¨. Einstein contestó: ¨Puede ser, pero eso ya no es la teoría de la relatividad¨.

Cuando uno enseña en un aula del secundario muchas veces entra en reduccionismos que avergüenzan (al menos a mi me avergüenzan). No se puede evitar. Uno quisiera dar nazismo y comunismo, la guerra fría como guerra caliente en la periferia, toyotismo y reestructuración del capitalismo, contrahegemonía, teoría de la regulación, la fragmentación del empleo del tiempo, la angustia que genera la inexistencia de un horizonte, explicar las sutilezas y abstracciones increíbles de un sistema de dominación impersonal intentando ser sutil, abstracto e impersonal y bla bla bla, … Y al final termino contando una historia ridículamente simplista, imbécil, calculadamente miope, con la profundidad de un balde,  donde hay buenos y malos absolutos, donde siempre (como nos enseñan desde chicos) están los héroes y los villanos; Batman y el Guasón, los trenes que van para un lado y los otros. Es la historia del Billiken, como decía un gran profesor.
Pero lo que menos puedo entender es que en las aulas de las universidades (conozco tres) se dicten clases de batmanes y guasones. Eso es una forma de subestimar al alumnado, tal vez de adoctrinarlo. Se debería buscar que piensen, que traten de comprender; no de llevarlos de la mano a la indignación más primitiva y elemental. Además el docente en estos casos tiene la seguridad de que no está atentando contra nadie agregándole complejidad al asunto. Se lo debe a los alumnos y se lo debe a sí mismo, a la profesión. Y eso no es relativo.

lunes, 10 de octubre de 2016

Un edificio histórico

El 1 de agosto de 1978 la montonera Lucila Révora de Pedro,  mujer angelical y bonita, colocó un explosivo en un departamento de la calle Pacheco de Melo, en Barrio Norte. Lo puso sobre la pared medianera que daba al edificio de al lado, el tercer piso A del 1937, donde vivía el Vicealmirante Armando Lambruschini, La bomba destruyó íntegramente el edificio donde detonó. En el edificio del marino perdió la vida Paula, de 15 años, hija del que sólo un mes después se convertiría en integrante de la segunda junta militar. Lucila está desaparecida desde fines de ese mismo año.

Esta es la historia más conocida del edificio de Pacheco de Melo 1937. Sin embargo, hay otras...

Resultado de imagen para montoneros logo Sucedió unos años antes, en 1976, en el 1B. En ese departamento vivía la familia de Alicia Mallea, incluidos tres hijos. El 3 de abril un grupo de tareas irrumpió en la casa. Fueron con el dato preciso. En ese momento Alicia y otros dos miembros del poder judicial que militaban en montoneros, Roberto Vera Barros y Esteban Ojea Quintana, se encontraban reunidos. Para proceder contaron con la colaboración necesaria de la custodia de Lambruschini. Hoy los tres están desaparecidos. El hijo mayor de los Mallea se tuvo que hacer cargo de sus hermanos: tenía 15 años.

(Tiempo después estalló la bomba. El departamento de Alicia, que se encontraba a dos pisos del de Lambruschini, quedó destrozado).

En febrero de 2015 el edificio volvió a ser noticia de algunos diarios. El 26, ¨Wado¨ de Pedro fue subido a Secretario General de la Presidencia, durante el gobierno de Cristina. No es secreto que Wado es hijo de Lucila Révora de Pedro, la autora material de aquel atentado. Por intermedio de un familiar que tenía llegada a Suarez Mason, que a su vez tenía llegada al presidente, Wado fue restituido prontamente a su familia. Lucila y Wado son oriundos de Mercedes, provincia de Buenos Aires, donde se hizo esa gestión.

Pero hay más. La familia de Esteban Ojea Quintana, uno de los secuestrados en casa de Alicia, pidió por Esteban buscando contacto dentro de las fuerzas armadas, como era habitual. Fueron a ver al familiar militar más cercano: Jorge Rafael Videla, que no los atendió. En efecto, la mujer de Videla, Alicia, era familiar directo de los Ojea Quintana. Tanto el ex presidente de facto como los Ojea son oriundos de Mercedes. .

Resultado de imagen para lambruschini pacheco de meloEl edificio de Pacheco de Melo 1937 tiene mucha triste historia y todos los condimentos para que un buen escritor idee teorías conspirativas. (Y no quiero evitar un dato anecdótico;  Cámpora también es mercedino). Sin embargo, no deja de sorprenderme que la realidad siempre sea más interesante que la ficción. Tal vez por eso: porque es real.












Algunas Fuentes:
 Maria Seoane y Vicente Muleiro,  El dictador, Buenos Aires, Debolsillo, 2006
Juan Yofre, Fuimos todos, Buenos Aires, Sudamericana, 2007 

domingo, 2 de octubre de 2016

La carta de Einstein

              
  Un conocimiento a medias es  peor que la ignorancia. Un conocimiento a medias es producto de un saber que se impone, incluso en los claustros universitarios, y que está contaminado de moralina, de indignación, de falta de sentido histórico. Quienes tienen un conocimiento a medias suelen llevar como bandera ideas o conclusiones que nadie que haya estudiado el tema seriamente sería capaz de suscribir. Son imposiciones de la política del momento, de la ética de la época, pero de la época en que se predican, no de la época en que las cosas pasan. Es muy fácil embaucar a miles de personas con coyunturas del presente que no existían en el pasado. Los que tienen un conocimiento a medias suelen caer en ese error. Son adoctrinados por doctores que, en el mejor de los casos, saben la verdad completa, pero especulan con ventilar solo una parte de ella para lavar cerebros.
                Los ignorantes que se interesan por las cosas de esta vida saben y están convencidos que Einstein era un pacifista y un genio. Es, digamos, la parte oficial de la historia. Un judío víctima del nazismo que huyó de su país y se puso al servicio de los Estados Unidos.
                Los que tienen un conocimiento a medias, impuesto, saben que Einstein escribió una carta a Roosevelt  aconsejándolo sobre la necesidad de producir una bomba atómica.
                Los que realmente saben la historia, completa, saben ciertas cosas que no te van a enseñar en la facu, y que los profes no están dispuestos a enseñar sin tener consecuencias al respecto. Son los que saben que la historia es interesante porque es compleja, y que una historia sin complejidades no vale la pena.
                La carta de Einstein fue escrita en  agosto de 1939, un mes antes del inicio de la segunda guerra, en la cual Estados Unidos no tomó parte activamente hasta mucho después. En esa carta Einstein alerta sobre la posibilidad cierta de que Alemania fabrique una bomba atómica. Para Einstein y el servicio de inteligencia de los Estados Unidos, con el que el científico debió de tener algún tipo de contacto, no era ningún secreto. Alemania tenía la ventaja en materia científica. Cuando los germanos toman Noruega se hacen con la posibilidad de producir agua pesada, necesaria para la fisión del átomo. Instalan una fábrica en Telemark, en ese país,  y empiezan las investigaciones. A esa altura el premio nobel de física tenía razón de sobra. Alemania puso recursos humanos y de los otros en conseguir un arma de gran poder destructivo, y estaba a la vanguardia, y si las contingencias de la guerra no lo impedían, la hubieran obtenido.  Afortunadamente un boicot y el bombardeo aliado hizo que el nazismo perdiera Telemark y con ello la posibilidad de hacer una bomba atómica (puntualmente el 28 de febrero de 1943).
                No obstante lo cual, hacia el final de la guerra, y para sorpresa de todos los aliados, Alemania produce las V1 y las V2, siendo esta última el primer cohete de vuelo suborbital de la historia. Más aún, produce el ME 262, que es el primer avión a reacción del mundo. Evidentemente los alemanes, como decía varios años atrás Einstein en su carta, estaban en condiciones de llevar a cabo cosas increíbles, incluso en las condiciones más adversas.
                Con el correr de los años, el científico salió a decir que se había arrepentido, o, para ser más exacto, a condenar la actividad atómica. Muchos le creyeron, y quienes tiene un conocimiento a medias se indignan. Pero Einstein, que no era ningún boludo, sabía que ese arrepentimiento era falso, afortunadamente falso.
                No hay nada más fácil que adoctrinar a la gente que se interesa por un tema con verdades a medias. Se puede recurrir a documentos históricos si es necesario, como una carta. Van a salir a la calle a hablarles a las mayorías, ingenuas e interesadas en el tema, con novedades apetecibles, con un aspecto interesante del asunto en cuestión, pero que no apunta al fondo de las cosas.  

Yo prefiero comprender, porque comprender es más interesante. Y más intransferible, tal vez. Uno no puede ir por el mundo explicando cosas complejas. Y acaso los que más ignoran y tienen por religión que Einstein era un santo estén más cerca de la verdad que aquellos que tienen un conocimiento a medias, denigrándolo por una carta que tiene un sentido histórico concreto. 

viernes, 30 de septiembre de 2016

Aula de un colegio de la segunda corona

Aula de un colegio de la segunda corona del conurbano. Sexto año, turno tarde. Clase de geografía. Alumnos de 17 y pico. Maxi destaca por su literalidad y su entrega a las causas más grandes y más chicas, pero especialmente por su pensamiento binario extremo. Es delegado del curso.
Reparto un trabajo práctico y le doy a García un trabajo que no es de él, es de otro García. Me disculpo.
Yo—Perdón, es que a la mañana hay otro García. 
Maxi— Macho, los de la mañana son los de la mañana. Nosotros somos los de la tarde.
Una semana después. Entra la directora a pasarme el libro de actividades áulicas. Nota que varios alumnos tienen en mano el celular.
Directora— Ya les dije que está prohibido el celular en el aula, a menos que el profesor lo permita.
Yo— Dejo usar el celular siempre y cuando hayan terminado la tarea correctamente.
Maxi (Que no tiene el celular en la mano y está empeñado en terminar la tarea) — Señora, el profesor nos permite usar el celular, ¿entiende? (Sale la directora. A mi) — Capo, la clase es tuya, no tenés que dar explicaciones.
Una semana después. Estoy intentando introducir el concepto de alienación; estoy intentando introducir un poco de filosofía en la clase. Agarro un pibe cualquiera.
Yo— Mariano, ¿qué es lo que querés?
Mariano— Quiero jugar a la pelota y ponerme en pedo todo el día
Yo— ¿Y cómo sabés que querés lo que querés?
Maxi (Concluyente) — Macho, ya te dijo lo que quiere, aflojá.
Una semana después, haciendo un balance sobre el capitalismo.
Yo— Chicos…
Maxi— Cortala con chicos, somos grandes, ¿qué parte no entendés?
Yo—…Bueno, el sistema capitalista, así como lo conocemos hoy, es el mejor de la historia. Mejor que la esclavitud, Mejor que el feudalismo. Mejor que el comunismo. Sin embargo, es un sistema desigual, estupidizante, y hay mucha pobreza, mucha injusticia. Es perverso y empobrece nuestra vida material y espiritual; especialmente a nosotros, los pobres. Esto no da para más. El sistema está en crisis. Hay que inventar otro sistema.
Mariano— ¿Cuál?
Yo— No lo sé.
Maxí— ¿Y entonces por qué enseña algo que no sabe?
Yo— (Hago una pausa) Cambiar este sistema es una tarea para ustedes.
Maxi— ¿La hacemos ahora?
Maxi es una de esas personas que la tienen clara. Nietzsche decía ¨un sí, un no, una vía recta y una meta¨ Yo no tengo ninguna duda: va a llegar lejos. No es ninguna ironía; los maxis van a cambiar el mundo.

sábado, 17 de septiembre de 2016

La escritura detrás de la lengua (Geografía para periodistas)

         
¨Vayan a estudiar, manga de burros¨, suele aconsejar Ricardo Iorio. Yo le hago caso. Siempre. Porque ¨solo sé que no sé nada¨, como decía Sócrates, y porque no me gusta ventilar giladas cuando está en mi poder hacer dos o tres clicks y averiguar como viene la mano sobre un tema cualquiera. Máxime si tengo que hablar  ante gente que cree en mis conocimientos, que confía en mi. Se lo debo a ellos; no me gusta traicionarlos. Y, llegado el caso, me basta con decir ¨no sé¨, ¨no tengo la más puta idea¨.  Prefiero que dejen de creer en mí antes que embaucarlos como si constituyeran un contingente de imbéciles.

Me estoy refiriendo a  gente que, haciendo dos cliks, te enterás que, además de formadores de opinión, son insignes docentes universitarios transnacionales, que vomitan lo que saben acá, en Harvard, en Java y en Criptón. Muy aplaudidos por nosotros, pobres docentes telúricos que luchamos de sol a sol con indios semianalfabetos en las aulas bárbaras del conurbano. Lo he escuchado de mis colegas: ¡ cómo sabe Juan Sebastian Lachota o Silvina Raquel De la Concha sobre política internacional! ¨.  ¡ Uy, sí, por algo están en la tele! No se equivocan una sola vez, sino muchas, al por mayor, recurrentemente. Tienen una columna semanal en el noticiero o una columna quincenal en un matutino y teniendo tanto tiempo para aprender vuelven a repetir sus insensateces. ¿Nos subestiman o son ignorantes? Yo creo que  ambas cosas.

¿Qué es lo que hay que saber para opinar sobre temas internacionales?  Hay algunas cosas que ya están instaladas, cosas que cualquier mortal va a ir a buscar. Un poco de historia de la región, un mapa,  bajo qué régimen de gobierno viven, cuáles son los recursos en juego, como se posicionan las potencias ante el conflicto, como se para nuestro país, un poco de vaticinio para agregarle sal y pimienta al asunto, mezclamos y listo.  Hasta ahí todo bien. Pero ¿falta algo?

Un speech  que deberían saber para no decir huevadas versa sobre las diferentes lenguas que se hablan en un territorio dado. Vivimos lejos de todo y parece cosa trivial ponerse a ver esas cosas, tal vez porque hacemos cientos de kilómetros y todos hablamos castellano. Bueno, el mundo es otra cosa, es mucho más complejo en ese aspecto. Es tan complejo que no sólo es un quilombo de lenguas, sino también un quilombo de escrituras. Es más: un mismo idioma se suele escribir de muchas maneras diferentes…

Supongamos que quiero escribir cualquier boludés, por ejemplo, ¨tengo dos huevos, el derecho y el izquierdo¨. Pero lo quiero escribir con el alfabeto griego. Bueno, es una pavada: ¨θηνω δωσ υηγωσ, ηλ δηρηκχω ψ ηλ ιξφϋιηρδω¨. Solo se trata de remplazar un signo por otro. La misma pavada si lo quiero escribir en alfabeto cirílico o con números, arábigos o romanos, da lo mismo.  Con un poco de práctica en un mes lo hacemos espontáneamente, como si lo hubiésemos hecho toda la vida. Y con un poco de esfuerzo estamos haciéndolo con el alfabeto árabe o el japonés, que son silábicos. No estoy jodiendo. No se trata de hablar esos idiomas, sino  simplemente de hablar como siempre lo hacemos, pero escribiendo de otra manera.[1]

Los alfabetos, además de convenciones, son una herencia cultural. Nosotros empleamos el alfabeto latino porque es el alfabeto con el cual se escribía el latín, la lengua litúrgica de la Iglesia Católica. Contrariamente, los griegos y la mayoría de los pueblos eslavos de raíz ortodoxa, como los rusos, utilizan el alfabeto griego o, para ser más preciso, uno de sus derivados, el cirílico. Lo que estos pueblos saben mejor que nosotros es que el Nuevo Testamento está escrito en griego. Para ellos es una locura que una iglesia llamada cristiana utilice el latín y sus letras para el rito. De ahí a las balas hay un solo paso.

Si me sigue, vamos a complejizar un poco las cosas con ejemplos cada vez más copados, y desde el punto de vista argentino, más bizarros, sin dudas.

Antes de hablar gansadas sobre el conflicto de los Balcanes usted debe saber algo elemental: croatas, bosnios y servios hablan el mismo idioma, que acertadamente podríamos llamar Eslavo del Sur o Yugoslavo, que significa precisamente eso: ¨yugo¨, sur; ¨slavo¨, eslavo. El hecho de que los tipos hablen de un idioma bosnio, otro idioma croata y un tercero servio es un problema de ellos, no de nosotros. Esos idiomas son el mismo idioma. Sí, no estoy diciendo que son dialectos mutuamente inteligibles. Hablan igual. Tal vez se diferencian como el porteño del cordobés, pero son lo mismo. ¿Entonces cuál es la diferencia? ¡Escriben con alfabetos diferentes! Mientras los servios utilizan el alfabeto cirílico (ese de los rusos) los croatas utilizan el nuestro, o sea, el latino. ¿Por qué? Porque los servios son ortodoxos y los croatas y los eslovenos son católicos. A su vez, esta diferencia religiosa, de raíz histórica más que efectiva— comunismo mediante—  crea enlaces con otros pueblos eslavos. En efecto, los polacos, por caso, son afines a los croatas porque, además de eslavos, también son católicos y porque también, por eso mismo, emplean el alfabeto latino (Y el hecho de haber estado en bandos opuestos durante la Segunda Guerra no modificó esa esencia). Otro tanto se puede decir de los servios, que son afines a los rusos por los mismos motivos. (Y aunque aún hay bosnios que escriben con caracteres árabes, la verdad que por muy musulmanes que se reclamen la mayoría escribe en latino o cirílico.) En síntesis, el idioma, en este caso, no nos ayuda demasiado, pero sí, de manera clara, la forma en que estos idiomas se escriben.[2] 

Por lo dicho, el problema en los Balcanes es un problema cultural, de ninguna manera un problema étnico (Con la excepción de Kosovo, que es otro tema). No se trata de que hay negros por un lado y rubios por el otro. Son iguales, hablan igual, caminan igual. Escriben diferente. Entran en templos diferentes.

            Otro caso similar lo encontramos entre el urdu y el hindi, que por su masividad (son centenares de millones) merece un momento de nuestras neuronas. En realidad se trata del antiguo indostánico, que a mediados del siglo XX, cuando se separa Pakistán de la India, pasa a llamarse de dos maneras. Los paquistaníes, musulmanes, eligen escribir el urdu con el alfabeto árabe, como era de esperar. En tanto los de la India, eligen para el hindi un alfabeto derivado del sánscrito.

¿Quiere algo más bizarro?  Tarea para el hogar: averigüe con qué alfabeto se escribe el mongol en Mongolia y con qué alfabeto lo escriben los mongoles que viven en China, y verá los efectos de dividir un pueblo por varias generaciones asignándole a uno de ellos una escritura diferente. Esos pueblos ya no se pueden comunicar por medio de algo tan importante como la escritura. Son ya, de algún modo, dos pueblos diferentes.

Usted no puede entender correctamente el drama de  próximo y medio oriente sin cavilar lo que sigue. El persa es un idioma que comprende tres dialectos mutuamente inteligibles, el iranio el dari y el tayico, hablados respectivamente en Irán, Afganistán y Tayikistán, países limítrofes entre sí. Sin embargo, en los dos primeros se escribe con alfabeto arábigo y en el último, por haber sido parte de la URSS, se escribe con alfabeto cirílico (Si, el mismo que el ruso y el croata, aunque no sea un idioma eslavo ni mucho menos. ¡Si, el mismo alfabeto cirílico que emplean los Mongoles en Mongolia!, por si no hizo la tarea) Ahora bien, la lengua persa y la lengua árabe no tienen un carajo que ver, salvo en la escritura. Los persas (iraníes, que les dicen hoy) como no hablan árabe, como Mahoma, al menos escriben con el alfabeto del profeta. Hecho el alfabeto hecha la trampa, aunque los árabes no caigan en ella.

Sin embargo, a un buen observador no se le pasa que en general, a lo largo y ancho del mundo, se está dando una tendencia a adoptar escrituras alfabéticas. Esto es así porque la escritura alfabética estricta (como la cirílica,  la griega o la latina) es infinitamente más fácil de aprender que los otros tipos de escritura. El problema que esto conlleva (o la virtud, según como se mire) es que una vez que se elige alguno de estos alfabetos para reemplazar otras escrituras se impone con facilidad y es irreversible. El idioma turco nos será un excelente ejemplo en este sentido. Como musulmanes que son, se escribía con caracteres árabes. En 1928, el San Martín de ellos, llamado Kemal Ataturk, admirador de occidente, obligó, con gran resistencia por parte de su pueblo pero también con gran éxito, a olvidar las raíces religiosas. Dijo, ¨ a partir de ahora escribimos nuestro idioma con las letras latinas¨. Esto, por supuesto tuvo consecuencias obvias. La historia turca tiene como hito la conquista y destrucción de Constantinopla, que pasó a llamarse Estambul (o sea, Islambul o ciudad del Islám). El olvido de ese pasado, el acercamiento por el alfabeto a la iglesia de Roma, es algo que no le perdonan sus vecinos persas y árabes.[3] (Usted siempre tiene que tener en cuenta que en estos países casi siempre es más importante la religión del otro que la bandera) Sin embargo, los turcos fanáticos de la escritura árabe tuvieron su revancha. En 2014, el gobierno, después de haber hinchado las pelotas hasta el hartazgo para entrar en la Unión Europea, con nuevos vientos económicos que no aconsejaban esa estrategia, volvió a permitir la enseñanza del turco con alfabeto árabe en las escuelas. No obstante lo cual, ya era tarde. Nadie se enganchó con la iniciativa.

Pero hay ejemplos más truculentos en el mundo turco-musulmán. El turcomano (si, el que se habla en Turkmenistán) y el uzbeco cambiaron el alfabeto árabe por el cirílico y medio siglo después el cirílico por el latino a la caída de la URSS. En estos países la resistencia de muchos de sus habitantes está en que quieren volver al cirílico. Después del comunismo, el interés que tienen en volver a escribir con el alfabeto del Corán es nulo.  


A esta altura debo decir algo de suma importancia. El árabe es una lengua afín al hebreo, aunque se escriben de modo muy diferente y no soy tan ciego como para confundir una mezquita con una sinagoga. Se trata de dos lenguas semíticas muy emparentadas que tienen cierto grado de inteligibilidad mutua. Y hay que hacer otra salvedad. El mismo árabe es un idioma bastante raro, conformado por un conjunto de dialectos bastante diferentes unidos por la misma escritura. Un marroquí y un libanés se entienden a duras penas. Y otra cosa que debe saber es que el hebreo es un caso único en el mundo: una lengua muerta que ha revivido para ser la lengua oficial de Israel. Cuando piense en los judíos ortodoxos piense que eso ellos lo tienen muy en cuenta. El abuelo hablaba yiddish, que es una lengua germana (sí, germana) y su nieto ha perdido todo vínculo con lo alemán. Paradójicamente, se han acercado a los musulmanes, aunque la escritura semítica arcaica de los hebreos deja bien en claro que fueron a buscarla al cajón de los ancestros que escribieron la Torah.

Y si de ver una unión por la escritura se trata no encuentro mejor ejemplo que el chino. El chino es una escritura pictográfica convencional. ¿Qué quiere decir esto? Muy sencillo. Supongamos que yo escribo un uno: ¨1¨. Usted lo lee ¨uno¨ y un yanqui lo leerá ¨uan¨. Sin embargo, ambos estaremos entendiendo perfectamente lo que eso significa. Lo mismo si dibujo una casa, para un inglés eso es ¨jaus¨. En Pekin y en Shangai, en Honk Kong y en Manchuria se hablan diferentes idiomas. Ni siquiera ¨si¨o ¨no¨ se dicen de la misma manera. Sin embargo la escritura los une.[4] Todos para uno y uno para todos.

Y quiero concluir con un problema candente, actual, que puede producir una catástrofe mundial, como el asesinato de Sarajevo que dio paso a la Primera Guerra, lugar en el mundo que nadie conocía.

Transnistria es un territorio separatista inserto (por ahora) entre dos países, Moldavia y Ucrania, donde el moldavo es el idioma. En los territorios que Transnistria controla escriben el moldavo en cirílico; en los que controla Moldavia, en latino. Por supuesto, siguiendo a los croatas y eslovenos, ya están hablando de un idioma Transnistrio, que no es otra cosa que el moldavo escrito con otro alfabeto. Pero resulta que el moldavo es, en realidad, el rumano.

Esto mismo se repite incansablemente a lo largo y ancho del planeta. Pasa que nosotros estamos en un lugar muy excepcional del orbe: su culo.  No obstante lo cual, es preferible saber estas cosas para no hablar gansadas. Hoy estamos a un click de Mongolia o de Transnistria. No hay excusas.




[1] Esta también es una buena idea para confeccionar un criptograma con poco esfuerzo. Algo de eso fue lo que me propuse en algún momento en este blog, recurriendo a los números y a la caligrafía china. Ver ¨Criptograma¨y ¨De cómo aprendí a escribir en chino de una sentada ¨. http://baojose.blogspot.com.ar/2011/11/criptograma.html

[2] No me importa  meterme en sutilezas, como discriminar lo que es una lengua de lo que es un idioma. Tómenlos ahora como sinónimos. Por otra parte, ya escribí en otro momento sobre un caso similar, los Hutus y los Tutsis. Ver: Abel y Caín en Ruanda, en este mismo blog. http://baojose.blogspot.com.ar/2014/02/abel-y-cain-en-ruanda.html

[3]
[4] Cierto que muchos chinos utilizan el Mandarín de Pekin como lengua franca, y que otro tanto acaece con el árabe. Pero no se trata de lenguas  madres y tampoco de lenguas que comprenda todo el mundo.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Zona de confort intelectual




Recuerdo al profesor Nestor Luis Cordero. El día que lo conocimos se presentó e inmediatamente dijo esto, palabras más, palabras menos:

            ¨No se enamoren del primer filósofo que puedan dominar. Los sistemas filosóficos son difíciles. Suele pasar que dominan a un sistemático, Hegel,  Kant o Marx, y quedan muy contentos. Se enamoran de ese filósofo y ya no lo largan nunca. Y la experiencia me indica que en su gran mayoría los alumnos de esta universidad consagran sus tesis de licenciatura a Platón o a alguno de sus acólitos. Yo tengo la teoría de que eso es así porque se trata del  primer filósofo que estudian en profundidad cuando pisan estas aulas, y el primero que entienden. Whitehead ha dicho que ¨toda la filosofía occidental no es más que notas al pié de página de Platón¨, y puede que tenga razón. Pero me sorprende que tan poca gente se esfuerce por enamorarse de otros filósofos, por enamorarse nuevamente¨.

Sin dudas, la primera vez que jugué a la pelota debió de ser bastante aburrido. No debí saber ni siquiera que había dos equipos. Luego entendí las reglas, las posiciones, el objetivo y seguramente me fue mucho más grato entrar a la cancha. Cuando un amigo me invitó a jugar al rugby  le dije que no; ese mismo día tenía un partido de fútbol. Con Platón a muchos les pasa eso. Lo notable es que el profesor Cordero era un experto en filosofía antigua, especialmente instruido en platonismo.

La zona de confort es una categoría de análisis que se ha puesto de moda en los últimos años entre psicólogos y pseudopsicólogos. Se puede definir como el comportamiento rutinario, libre de riesgos, previsible, que le reporta al individuo una sensación de seguridad y bienestar falsos. No hay más peligros, pero tampoco hay más novedades. Todo bajo control, todo más de lo mismo.

Tengo para mí que siempre que se menciona esta zona se deja de lado el aspecto intelectual. Me da la sensación que quienes tratan el tema tienen en mente  a un mediocrón absoluto, digamos, a un muchacho de barrio, a un Ricardo Fort (que en paz descanse), pero nunca a un catedrático o facultativo o deportista de elite. Es como si estuvieran aleccionando a Dona Rosa sobre los placeres prohibidos que debería salir a conocer.

Dentro de la zona de confort intelectual están, creo, los especialistas. Hoy los especialistas son la regla, no la excepción. Saber mucho de una disciplina, de una rama de una disciplina, mejor aún, de una rama de una rama de una disciplina. Son ellos los que apuran el conocimiento y la superación de nuestra especie. Son, no lo dudo ni un solo segundo, los que producen premios Nobel, adelantos en la ciencia y en la técnica, descubrimientos arqueológicos, nuevas teorías sobre las cucarachas, revelaciones sobre las propiedades materiales de la astenósfera, nuevas formas de combatir el cáncer, estudios pormenorizados sobre la métrica de un poeta, brazos espectaculares para los nadadores olímpicos.

Contrariamente a los especialistas están los que no respetan los límites entre las ciencias y los quehaceres del hombre. Son un poco huérfanos y arcaicos. Son los Verne, los Asimov, los Dolina, los Borges, los Antonio Carrizo, los Eco, los Derrida, los Oscar Terán, los Sofovich, los pentatlonistas, los multiinstrumentistas, los políglotas en lenguas vivas y muertas, los que leen más de un diario… tal vez los Cordero. Entre ellos hay, como no, genios y chantas. Pero siento que de algún modo están emparentados en la necesidad imperiosa de cambiar la rutina en las materias de sus pensamientos; como que necesitan concentrarse en otra cosa. Es como si se aburrieran de hablar de filosofía y se impusieran estudiar botánica, pero nunca de manera exhaustiva. Diletantes que le dicen: pero incansables y obstinados. De alguna manera son enciclopedistas. Y se dice que en épocas como esta, de inteligencias colectivas, de wikipedias, parecen bastante irrelevantes. 

Hoy saber un poquito de muchas cosas es como caminar al costado del mundo. Pero también es enamorarse permanentemente del conocimiento humano. Y además, hay que decirlo, es un poco holgazán, porque implica enamorarse del conocimiento logrado por los especialistas.

Los diletantes no están salvando al mundo. Pero sabiendo salir de su zona de confort, se salvan a ellos mismos.


sábado, 3 de septiembre de 2016

Gracias por el fuego

¨Cualquier acción tiene sentido, incluso el crimen. Cualquier pasividad, por el contrario, no tiene sentido.¨
 Herman, Rauchning. Habla Hitler.[1]

Sergio Renan dirigió Gracias por el fuego, basada en el libro del uruguayo Mario Benedetti, casi diez años después de su famosa La tregua, que también se basa en un libro del mismo autor. Contrariamente a esta última película, la que nos ocupa pasó casi inadvertida y al día de hoy está sepultada en la memoria cinéfila vernácula, muy injustamente.

Tendría doce años cuando la vi por primera vez. No pude dormir por varios días; había descubierto que las películas más realistas pueden ser las más terroríficas. Un padre de 70 que le pega a su hijo de 37; un suicidio; un hombre que se enamora de la mujer de su hermano; una mujer que sabe que está enamorada de un hombre malo, pero no lo puede evitar… Era mucho para un pibe de doce años, máxime si tenemos en cuenta que el protagonista tiene persistentes pesadillas donde su padre aparece golpeando a su madre, ya muerta, tal vez a causa de los golpes.

Con el tiempo perdí el nombre de la película, casi la olvidé. Hace poco la volví  a ver, de casualidad. Claro, soy otro, veo de otra manera.

La historia, a grandes rasgos, es así. Un padre facho, muy inmoral, interpretado por Lautaro Murúa, dueño de un diario muy exitoso, ha hecho su fortuna desde abajo, transando con todo gobierno que se le cruzó y vendiendo las noticias según los intereses del momento. Él ¨se caga en la democracia¨, que acaba de llegar. Además de plata, le sobran huevos. Tiene dos hijos. Uno de ellos, Víctor Laplace, moral, con un discurso muy progresista y de izquierda, pusilánime, incapacitado para cualquier cosa que implique tener una iniciativa, cobarde que no para de temblar, con un manifiesto complejo de inferioridad con respecto a su padre. Quiere cambiar el mundo, pero no tiene huevos, ni uno. Lo notable del film es que al padre, en último término, no le importa tanto que su hijo sea de izquierda como el hecho lamentable de que sea cobarde. Es más, no le importaría morir a manos de su propio hijo con tal de que este finalmente ¨produzca un hecho¨, en otras palabras, que haga algo. 

(Por supuesto hay otros personajes, algunos muy interesantes, especialmente los femeninos, que hacen un contrapunto con los protagonistas y que enriquecen las interpretaciones posibles. Pero no pretendo escribir largamente sobre este notable film. Dejo la película al final para el que quiera tener pesadillas).

Como toda buena obra, Gracias por el fuego se interpreta de diversa manera según pasan los años. Cuando Benedetti publicó el libro, en 1965, la violencia política recién se iniciaba. (El autor perteneció al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, de corte guerrillero). La historia se podía leer entonces como una imposibilidad de la burguesía ilustrada para tener otra conciencia que la de ser burgués. Parafraseando lo que dice Althusser en La filosofía como un arma para la revolución: la conciencia en el proletariado es espontánea, pero el intelectual es burgués y debe hacer una revolución en su conciencia, que es previa a la lucha armada. En otras palabras, debe hacer una primera revolución, que es renegar de sus orígenes, de su pasado, de su medio, para luego lanzarse a servir a la otra revolución, la social. (Lamentablemente, esto está demasiado explicitado en la novela, que tamicé un tanto irresponsablemente para escribir sobre la película). 

Cuando sale la película, en 1984, el mundo es otro. Retornaban las democracias a América Latina y nosotros vivíamos la primavera. Entonces la historia del hijo de un burgués, que se dice revolucionario de la boca para afuera, pero que es más cobarde que las gallinas, se lee de otra manera. En un contexto en el cual las luchas armadas de los Montoneros y del ERP comenzaban a ser reivindicadas de forma indirecta, una lectura superficial de la película debió de ser casi escandalosa o al menos provocativa. Sin dudas, el pueblo quería paz. Pero ser pacífico y ser cobarde no es lo mismo, ¿no? La crítica mayormente no la elogió y el público no la acompañó. 

¿Hoy cómo se ve Gracias por el fuego? ¿La historia del dueño de un diario, inescrupuloso, que se acomoda al gobierno de turno, que tiene dos hijos, uno de los cuales quiere saber qué pasó con su madre, que tiene un conflicto con su propia identidad ideológica y su origen? Interesante acertijo. Pero la pregunta del millón es, ¿por qué el kirchnerismo no utilizó la película para sus fines, reivindicándola, sacándola del cajón del olvido? ¿No la vieron? Es posible. Pero también es posible que la excelente ambigüedad del film no les haya parecido muy agradable. En fin de cuentas, Laplace es un millonario que no renuncia a sus caudales y los roles femeninos son...

Parafraseando a Heráclito; según la medida del tiempo, el fuego se consume de diferente manera. La pesadilla retorna. Sólo cambia la edad del que se quema.  




La película:

Otras críticas sobre cine en este blog, vinculadas a la política argentina.




[1] Citado por Josef Pieper, en El ocio y la vida intelectual, Rialp, Madrid, 2003, que es un libro de la San Puta.

sábado, 27 de agosto de 2016

Ajedrez ciego entre Borges y Kafka

Hace tiempo que vengo estudiando a Borges y me cruzo con libros y descubrimientos inverosímiles. Pero ninguno más inverosímil que el libro de Benito López Esnaola, intitulado Ajedrez a la Ciega, que me pude procurar después de buscar una aguja en un pajar. Pero inverosímil es poco. Tan es así que me veo empujado a decir algo.

Esnaola escribe sabedor de que muchos lo leerán por curiosidad y abunda en anécdotas, explicaciones y disparates para mejor vender el libro. En realidad son cosas de sentido común que uno no se ha puesto jamás a pensar. Conocía que hay gente que puede jugar al ajedrez sin el tablero, o sea, a ciegas. Aunque parezca una perogrullada decirlo, ese jugador debe conseguir un rival, y no es tarea fácil. La persona en cuestión debe ser lisa y llanamente un campeón de las matemáticas y las geometrías. Pero desconocía que desde hace más de cien años se realizan torneos, que esos torneos tienen que ser cara a cara para que ninguno de los dos haga trampa y un sinfín de cosas que son realmente inconcebibles…

¿Cómo debe ser el empleo del tiempo?  En otro texto, que se llama Tiempo al tiempo. La historia del reloj de ajedrez,  se narra como las partidas del siglo XIX no tenían techo temporal. Los jugadores solían ganar por cansancio. Hubo jornadas enteras para una sola partida. Un tal Williams, conocedor del mal carácter de un tal Stauton, le ganó una partida oficial demorando dos horas y media las jugadas. En esa época solía pasar que X sabía que Y tenía un compromiso a las seis de la tarde y entonces dilataba su tiempo de movida indefinidamente, o casi, digamos, hasta las seis.  Y, claro, ganaba, Fue entonces cuando se pensó en el reloj.  

Los relojes se fueron imponiendo progresivamente, pero quienes jugaban a ciegas, por un inexplicable código de honor— aseguran que no hacen trampa porque es una forma de burlarse de la inteligencia del otro— continuaron batiéndose con todo el tiempo del mundo. Si se difiere mucho una movida, puede quedar la duda de si el jugador que tiene que mover sabe realmente dónde están las fichas, y como nadie quiere pasar por tonto, las partidas tienen una duración razonable. 

Sin embargo, hay quienes tienen un tablero, con fichas y todo: son los jueces, que literalmente ven en la mente de los deportistas. El código de honor es tan estricto que, de haber un error en un participante, —por ejemplo, si el juez, o peor, el adversario,  le tiene que decir que tal ficha no puede desplazarse en esa dirección porque hay un peón en el medio—, ese error es sentido como una imputación moral por el jugador: es como si rebajaran su inteligencia al nivel de un gusano. Su adversario, incluso perdiendo la partida, de alguna manera ya es el triunfador.

Como dijimos, el único tablero lo tiene el juez. Pero ¿qué hay del público? Bueno, por empezar hay que aclarar que hay público, y que el público tampoco puede ver el tablero, al menos en los años 40, cuando Esnaola describe una época de auge de este desconcertante deporte. Se le pedía al público el más estricto silencio, más o menos como en el tenis, y es sabido que todos los presentes, de una u otra manera, estaban practicando esta noble variante del ajedrez, así que el mismo público estaba interesado en mantener el silencio, que debió de ser sepulcral. Por supuesto, estaban en el recinto, pero no necesariamente mirando a los competidores, sino, mayormente, mirando para otro lado. De alguna manera, no sólo no había tablero, sino tampoco jugadores, ni espectadores (del latin spectator; el que mira). Si uno entraba y no era del palo (y esto no pasaba nunca)  podía confundir a un jugador con el mozo.

El autor habla de serios problemas de honor, así como de peleas. Aunque no nos habla de duelos, es fácil inferirlos. ¡ Imaginaos que lo que no se dio por la buenas, sobre un tablero, que no existe, se da por las malas, entre espadas o floretes, que son muy  reales!

Entonces, sin tableros ni piezas, sin relojes ni tiempo, sólo con los laberintos mentales que edifican las jugadas…  

El libro de Esnaola es, como se deja ver,  más kafkiano que borgiano. Un capítulo aparte merecen las instrucciones de Esnaola para domesticar la memoria. ¨Idealmente usted debe leer el libro sin ayuda de los gráficos¨, aconseja. Pero resulta que el libro, salvo el anecdotario para curiosos, es una sucesión interminable de gráficos.  Al final, ni el libro existe.



Lo muy poco que se puede leer en la web del libro de Esnaola:


Historia del reloj de Ajedrez:




Mis amigos del futuro

           
Hacia los siglos I y II,  los habitantes del norte de Egipto, algunos de ellos cristianos, tenían un hábito extraño. Se hacían retratar y luego colgaban la pintura en la pared por el resto de sus días. Al morir se los momificaba y luego se los enterraba con el retrato sobre la cara. Parece ser que la momificación se había abaratado mucho y se la hacía con menor cuidado, pero de modo más democrático, y que más que menos cualquier burócrata o comerciante podía costearse una buena momificación y una buena pintura.

           Los retratos de El Fayum no son cualquier cosa: son las imagenes más fidedignas de seres humanos que vivieron hace dos milenios. Vemos esos retratos y, literalmente, reviven, están de vuelta. Tienen, entendemos, una fidelidad tal a los seres originales que portaron esos rostros que asustan, conmueven, dan ternura. Puede ser que ellos mismos, ya pelados y gordos, no se hayan reconocido a sí mismos al momento de partir. Pero ese momento de sus vidas en que fueron retratados llegó hasta mí con una pureza de HD.


             Me inquieta saber que se murieron hace tanto, me alecciona, de alguna manera en sus sonrisas me quedo tranquilo. Son mis amigos y consejeros. Gente de la zona de Alejandría, con su biblioteca y sus altas especulaciones: tal vez la zona más intelectual del mundo antiguo. Siento que nadie los defiende. Y es por eso que quiero aclarar algunas cosas que leí sobre ellos y  que me sublevan las pelotas.  

Uno de los disparates más recurrentes a la hora de hablar de estos retratos tan vívidos está en considerarlos un sincretismo, esto es, una mezcla de culturas: momias  egipcias, retratos romanos, culto funerario greco-cristiano donde asoma la idea de inmortalidad personal democrática, con influencias de oriente medio, bla bla, bla. Paremos de joder con esta idea eurocéntrica, grecocéntrica o cristianocéntrica que ignora la historia de Egipto, justamente de Egipto. A nadie se le ocurriría decir que las obras de Virgilio son un sincretismo grecoromano o que el Renacimiento es un sincretismo gótico-bizantino.  En fin de cuentas, toda cultura es sincrética, pero si usted pone en una licuadora a un tano, una gallega, un judio y un qom no le va a salir un argentino,  aunque probablemente el resultado continúe siendo judío, un judio un tanto desteñido. Bueno, con los egipcios pasa como con los judios: entre Keops y estos retratos median 2.500 años, pero las momias y el carozo de esa cultura continúa siendo la misma, porque es un pueblo que reprodujo de una manera admirable su cultura. Desde Cesar, que se encariñó de Cleopatra, hasta Napoleón, que fue a meterles bala, siempre hubo admiración de occidente por Egipto, y eso no fue recíproco.

Por otro lado, los retratos son un caso ejemplar de crisol de razas, (y este puede ser, creo, un motivo que dispara la idea del sincretismo). La variedad de colores en las pieles y la diversidad de rasgos son enormes. Parece ser que la sociedad acomodada y no tan acomodada del norte de Egipto de hace dos mil años era sumamente heterogenia y que los casamientos cruzados eran habituales. Eran épocas en las cuales el concepto de ¨nación¨ pasaba principalmente por la lengua y la cultura heredada. Es muy probable que todos los retratados hablaran el copto y/o el griego, (e incluso el latín, que desde el punto de vista cultural era una lengua absolutamente menor).

Otra cosa que indigna es que cada vez que se habla de la historia de los retratos se suelen omitir a los retratos de El Fayum.  Es más, podemos considerar que entre ellos se puede contabilizar el primer autorretrato de la historia, porque es dable pensar que alguno de los autores también se haya querido procurar un retrato para el día de su muerte. Además, es notable el protagonismo femenino. La mitad de las pinturas son mujeres y tienen un look muy moderno. No sé de otro período donde ese protagonismo sea tan evidente. Ni siquiera en la pintura holandesa del siglo XVII.

Pero hay un punto que me molesta particularmente, y es el de la esperanza de vida de los egipcios de ese entonces. Como queda dicho, hoy sabemos que los tipos se retrataban en vida, mayormente jóvenes y se dedicaban a vivir hasta que eran inhumados con el retrato. Pero no siempre se supo eso. En un principio se dijo innumerables veces que la corta edad de los protagonistas de las pinturas obedecía a que la esperanza de vida de aquel entonces era breve, muy breve, y no superaba los 35 o 40 años. Pero un detenido examen de las momias llevó a la conclusión que las personas eran las mismas, pero que muchas veces eran mayores de lo que muestran los retratos. Eso dio lugar a un delirium tremens en el mundillo del arte. Muchos estudiosos llegaron a decir bravuconeadas como: ¨bueno, el clima seco de Egipto propiciaba que vivieran unos cuantos años, y bla bla bla…¨


             El verdadero problema es que tanto los expertos en el arte (que no tienen la obligación de saberlo) como muchos expertos en demografía (que tienen la obligación), ignoran cómo es que baja o sube la esperanza de vida de una población en términos generales.


          La gran mayoría de los seres humanos, históricamente, murieron al momento de nacer o antes de cumplir un año. Eso hace que baje la esperanza de vida de forma dramática. Pongamos un ejemplo. Si el mundo se redujera a dos personas, una vive hasta los 70 y el otro muere antes de cumplir el año, la expectativa de vida de ese mundo sería de 35. Es por eso que los paleodemógrafos,  los buenos,  suelen hacer estadísticas que miden en siglos pretéritos la esperanza de vida de aquellos que superaron el año, que era lo menos frecuente en el pasado, que es como decir ayer mismo,  y que fue lo normal en toda la historia de nuestra puta especie. Y, si son hondamente idóneos, tienen en cuenta que las mujeres solían morír al dar a luz, el primero antes de los 15. (La enorme cantidad de mujeres retratadas jóvenes, en comparación a los varones, no se debe a coquetería ni a la efectiva muerte temprana: se debe, arriesgo, al por si las dudas.)  No obstante lo cual, la mayoría de las mujeres no morían en el parto y normalmente llegaban a conocer la menopausia. En síntesis: la esperanza de vida por entonces no bajaba de 50 años; siempre había una que se iba a los 30 y siempre hubo ancianos y ancianas de 70.


En mi habitación, sobre la pared, tengo algunos retratos de estas gentes. Yo los miro como a través de un cristal, delgado como un papiro, que separa de mala manera dos mil años y que de alguna manera los junta. Habrán reído, habrán llorado, se habrán enamorado y hasta quizás, quien sabe, tuvieron tiempo de despedirse. Están representados con tanta verosimilitud que dan ganas de abrazarlos. Son mis amigos del pasado y del presente y, si dios o los infinitos dioses quieren, también del futuro. Solo es cuestión de tiempo. Y ahora que lo pienso bien, que sean 35, que sean 70, que le puede importar al que te espera desde hace dos mil años.